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Regreso al pasado en 80 links

Eran las dos de la tarde de un sábado lluvioso de agosto. Sentada al lado de mi inagotable hijo, con los Dudlebops cantando en la TV y un mar de carritos sobre la alfombra, buscaba en Google referencias literarias y quizá científicas sobre la costumbre que tenemos las personas de recurrir al pasado. Quería que […]
Actualizado 20 de agosto, 2012
María Virgen Gómez, Editora, Santo Domingo

Eran las dos de la tarde de un sábado lluvioso de agosto. Sentada al lado de mi inagotable hijo, con los Dudlebops cantando en la TV y un mar de carritos sobre la alfombra, buscaba en Google referencias literarias y quizá científicas sobre la costumbre que tenemos las personas de recurrir al pasado. Quería que mi editorial de la revista tocara ese tema y conectara “fluidamente” (más me valía que así fuera) con la vigencia que hoy tienen, a pesar de sus más de 50 años de edad, los discos de vinilo y los Superhéroes, ambos presentes en dos reportajes de esta edición.

 
Me lancé a las profundidades del gran buscador con el propósito de que, surfeando entre link y link, algún texto interesante sobre el tema me diera luces para escribir estas líneas con la mayor dignidad posible.
 
Sin embargo, a cambio de explicaciones profundas sobre por qué los humanos solemos regresar a tiempos ya vividos, descubrí textos amenos que refrescaron mi aridez anímica y creativa.
 
Me encantó constatar que escribir “volver al pasado” en Google es un pasaje directo a la literatura de ciencia ficción, de la que conocería menos de lo que conozco si no fuera por la famosa obra de Julio Verne, Isaac Asimov, Arthur Clarke o H. G. Wells.
 
Fue así como me acerqué tímidamente a las últimas novelas de autores fantásticos contemporáneos como Stephen King o Connie Willis, donde abundan los personajes que regresan al pasado en particulares portales o máquinas del tiempo para intentar de alguna forma cambiar el curso de la historia.
 
Mi último descubrimiento en Google fue todavía más interesante: un escritor mexicano llamado Rafael Zamudio, residente en Tijuana, quien en su blog “Catatonia” afirma que para él vivir “un día en el pasado” es lo mismo que vivir “un día sin Internet”, o un día en plena edad de piedra.
“En un escenario como ese perdería la cabeza, espuma violenta correría entre las comisuras de mis labios y botaría mi iPad por la ventana como un frisbee…”, decía Zamudio con su ironía tan radical como realista.
 
Esas fueron mis últimas brazadas en Google esa tarde. Por unos minutos me detuve a pensar en los rostros disímiles que tiene “el pasado” según cada persona.
 
Reflexioné sobre la gente que de tanto vivir en el ayer agota las energías para vivir el presente e intentar construir un buen futuro. Y concluí en que -fuera de la ficción, en nuestras vidas comunes y corrientes- la mayoría de los humanos regresamos voluntariamente a tiempos ya vividos para aprender de ellos, sacar balance, apaciguar la nostalgia o sencillamente sonreírnos.
 
Después de tanto viajar volví a mi presente de Disney Channel. Era hora de pasear con Samuel en tiempo real y le di shuttdown a mi lap top con la alegría de haber descubierto en Google a la más extraordinaria, eficiente y accesible máquina del tiempo.
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