|    Síguenos en:  
Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  Síguenos en Google+  Síguenos en RSS
 
Espía de tendencias / La moda a mi modo /
Compartir: Enviar a un amigo  Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  

El ataque masivo de las redecillas asesinas… del estilo

Yo, que pasé gran parte de mi infancia en el salón de belleza de mi tía, aprendí cuáles son las reglas cardinales de la permanente, cuántos potes de lejía lleva un desrizado casero y cuál es el orden lógico de cada procedimiento capilar cuando una mujer solicita desrizarse, teñirse, hacerse mechas y recortarse ¡en un mismo día!
Actualizado 15 de febrero, 2012
Cherny Reyes
Yo, que sé diferenciar el olor de la jojoba del olor del rinse Lafier, aprendí que hay un protocolo que nunca debes romper: dejar de comentar los chismes frescos de las otras clientas (o fingir sorprenderte) y nunca poner un pie fuera del santuario de belleza con una redecilla puesta en la cabeza. JAMÁS.
 
24 de diciembre de 2011. Una fila kilométrica en La Sirena de la Mella. Mientras me cuestionaba cómo diablos se me ocurrió a mí en una fecha como esa comprar un pollo horneado, avisté el último de los crímenes de la moda, uno que habría infartado a la mismísima Joan Rivers: Ahí estaba, una doña más “apretá” que la situación con un tinte “chorriao” por el cuello, las orejas, la frente… coronada con aquella malla milagrosa que, por generaciones, las mujeres han usado para contrarrestar la herencia africana en un cabello desrizado: una redecilla. Un dispositivo secreto para las miradas masculinas, reservado para procedimientos cosméticos de urgencia y para inmovilizar los rolos y tubis.
 
En ese momento no sabía si reírme o pedirle gentilmente a la supervisora de cajeras (esa, la de la chaquetica, con la llave y cara de aburría, a la que siempre le gritan: “Una llave”, cuando la cajera comete un error) que sacara de la gran superficie comercial a esa señora o que en el mejor de los casos la mandara a la hoguera. Pero como vivimos en un país de democracia y no me puedo permitir esos lujos maquiavélicos, procedí a hacer catarsis en Facebook, como parte de mi venganza y terapia social, y escribí: ¿Y la gente que va al súper con el tinte puesto, la nuca “chorriá” y una redecilla? Las reacciones abundaron. Mi amiga Caroll dijo que una redecilla es el equivalente a salir con unos panties en la cabeza. Norca se preguntaba: ¿Cuál es el sentido del tubi con la redecilla si ya te dejas ver por tu macho así? Orquídea nos documentó que en la tienda El Canal hay un letrero que reza: “Estimados clientes: Se prohíbe el paso a las personas con tintes mojados o húmedos”.
 
Esto ya se está saliendo de las manos, yo que pensaba que era Godzilla quien quería conquistar el mundo, pero ya veo que son las redecillas. Y la amenaza es tan alarmante que hay reinvenciones de la mítica prenda: a diferencia de las de antaño que se ataban a la cabeza como un pañuelo, las nuevas se ciñen a la cabellera como un guante. Y ahora, por todas partes, ves a manadas de mujeres-mutantes con redecillas. ¿Estamos asistiendo a la era de las redecillas asesinas… asesinas del estilo o a la muerte de los pudores estéticos? Mi amiga Zaidy escribió en mi muro de Facebook: “El fenómeno de las redecillas es tan contradictorio. Las mujeres las compran para procurarse belleza, pero las usan a diario fuera de la casa para verse mal. ¿Qué imagen creen que están proyectando?” Yo me pregunto: ¿Cuál es la lógica? ¿Es que la niña de El Exorcista está poseyendo a estas mujeres? o, peor aún, ¿hay un nuevo código de estética que comulga con la barrialidad a la que nos remite una redecilla? Si este ataque furioso de los “celofenes” goteando, tubis y redecillas en la vía pública persiste, ¿habrá que migrar a otro planeta donde se retomen los principios que Vidal Sassoon y sus devotas alumnas nos enseñaron? Un lugar donde la belleza empiece con altas dosis de cordura, sentido de lo oportuno y respeto al entorno. Yo me apunto. 
Volver arriba Volver arriba
Compartir: Enviar a un amigo  Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  
Comentarios Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 


Publicidad


Revista U © Asalvo Comunicación. Todos los derechos están reservados.
Diseño por The Black Jaus & Emilio Gómez. Plataforma por WordPress.

Aviso Legal | Política de privacidad | Publicidad