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Cazadores del busto usurpado

‘The Monuments Men’: Historia de arte a la ligera

Una aventura histórica entretenida, pero con poca aventura o historia.
Actualizado 4 de febrero, 2014
POR: Emilio Gómez IMÁGENES: 20th Century Fox

El planteamiento de la idea debió sonar irresistible para George Clooney. “Imagínate a Danny Ocean en la Segunda Guerra Mundial, pero basado en un relato verídico y con robos de arte en vez de casinos”. Con tal descripción, el aclamado actor, director y frecuente portador del título de “hombre más sexy” seguro brincó a la oportunidad de encabezar y estelarizar The Monuments Men, ya que sacia sus deseos tanto de contar historias importantes (Good Night and Good Luck; The Ides of March) como de participar en comedias inteligentes (Oceans Eleven; Burn After Reading; Up in the Air). Es una verdadera pena de que el resultado de su esfuerzo, más que excelente, sea una película sólo entretenida y repleta de oportunidades perdidas.

La trama, basada en el libro homónimo por Robert M. Edsel, cuenta la historia del programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, establecido por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial para proteger los tesoros arquitectónicos, históricos y artísticos de Europa de ser destruidos o usurpados por cualquier ejército durante el conflicto con el fin de devolverlos a sus países respectivos. Para fines de dar al público una meta específica, la cinta se enfoca en la búsqueda de dos obras en particular: el busto de la Madonna de Brujas por Miguel Ángel y el Políptico de Gante por Hubert y Jan van Eyck, ambas robadas de Bélgica por los Nazis.

Epstein (Dimitri Leonidas), Stout (George Clooney), Jean-Claude (Jean Dujardin), Garfield (John
Goodman) y Preston (Bob Balaban) esperan órdenes en The Monuments Men. (FOTO: 20th Century Fox.)

Esa iniciativa exitosa contó con la participación de casi trescientos cincuenta individuos de diferentes nacionalidades. El filme sólo se enfoca en un pequeño escuadrón encabezado por el teniente comandante George Stout (Clooney) y el capitán James Rorimer, representante del Museo Metropolitano de Nueva York (Matt Damon, asumiendo el rol de Brad Pitt en los filmes de Ocean), asistidos por Rose Valland del museo Jeu de Parme en París (Cate Blanchett). El arquitecto Richard Campbell (Bill Murray), el escultor Walter Garfield (John Goodman), el historiador Preston Savitz (Bob Balaban), el mayor inglés Donald Jeffries (Hugh Bonneville) y el diseñador francés Jean-Claude Clermont (Jean Dujardin) son personajes ficticios que combinan las características de múltiples miembros reales del programa.

La película tiene sus buenos momentos, casi todos basados en la dinámica entre los miembros de este pelotón pintoresco. El guión de Clooney junto a su colaborador Grant Heslov establece que estos hombres se conocían anteriormente en el mundo del arte y eso nos ayuda a aceptar su camaradería casi de inmediato. El problema inherente de The Monuments Men es que Clooney no decide cuál tipo de largometraje desea mostrar. El tono ligero no le permite ser un drama histórico sobre los horrores de la guerra como Saving Private Ryan. La inconsistencia de momentos jocosos no lo deja calificar de comedia o sátira como Jarhead. Por la falta de detalle sobre historia del arte, no pasaría como una cacería de tesoros al estilo de The Da Vinci Code o la serie National Treasure. Su apego a los hechos reales no le da la libertad de tornarse en una reinvención divertida de la historia como Inglorious Basterds o una aventura fantástica como las películas de Indiana Jones—existen segmentos en la banda sonora del filme donde las melodías originales de Alexandre Desplat asemeja una pieza compuesta por John Williams para el arqueólogo con látigo, una promesa de acción que la producción nunca cumple.

James (Matt Damon) examina arte junto a Rose (Cate Blanchett)
en The Monuments Men. (FOTO: 20th Century Fox.)

Esta falta de enfoque provoca que los momentos de risa en la cinta nunca sean de carcajadas y sus momentos de drama no conmuevan. La situación sufre aún más por la falta de un buen villano a quien odiar—Hitler brilla por su ausencia y envía en su lugar a dos o tres antagonistas sosos. Si algo tiene The Monuments Men a su favor es que esa misma ligereza (apenas conté una escena con lenguaje inapropiado y es aceptable) la hace apta para jóvenes de casi todas las edades. Jóvenes que puedan ser motivados a interesarse en las artes y descubrir por sí solos las verdadera historia de quienes lucharon por preservar el legado cultural del mundo entero.

En exhibición en los Caribbean Cinemas.

 

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