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Mis sobrinos

Actualizado 13 de abril, 2012
María Virgen Gómez, Editora, Santo Domingo
La otra tarde llevé a Samuel, mi hijo, de 3 años, a pasear al Mirador. Hacía un calor espeso que terminó convirtiéndose en lluvia de gotas pesadas y consistentes. El agua, sin embargo, no mermó el entusiasmo de Sam, que ama correr libre y sin ataduras en espacios abiertos. En su carrera recogió flores, retozó con perros amigos y jugó al fútbol con piedras y frutos que halló en el camino. Cuando empezó a oscurecer le dije que era hora de volver a casa y que pronto regresaríamos al “bosque” para seguir descubriendo flores y pateando mangos y javillas. Rumbo a mi vehículo, tomados de la mano, me dijo con su vocecita ronca, dulce y espontánea “mamita, gracias por traerme al bosque mojado. Te quiero y te amo”. 
 
Como es de imaginar, en ese momento casi me desmayo, mareada por la emoción. Esa frase sencilla, salida de los labios de mi hijo a sus escasos años de edad, caló en mi corazón como la manifestación de amor y gratitud más sincera que jamás me hayan expresado. 
 
En momentos de contrariedad, en los que las cosas se complican más de lo usual o en los que el mismo Samuel se empeña en poner mi paciencia a prueba, aquella frase me devuelve la sonrisa y me estimula a seguir descubriendo las nuevas riquezas que él adquiere cada día. Y en este proceso yo misma voy creciendo y trabajando para tratar de ser siempre una madre amorosa, disciplinada, justa, práctica y coherente. 
 
Es cierto, sin embargo, que no existe un librito para esto. Los capítulos particulares de la maternidad y la paternidad los escribe cada quien a cada paso. A mí me han servido de mucho las vivencias de las demás mujeres que me rodean. Además de mi experiencia, con la suya he conocido el sabor más dulce y comprometido de esta aventura que es llevar a buen puerto la vida de los hijos. Y lo bonito es que cada una lo hace a su manera y con su propio estilo, aunque la esencia de la labor de todas sea la misma.
 
Ayer pasé en facebook casi una hora. Sin planearlo, la mayoría de las fotos que comenté o en las que pinché “me gusta” eran imágenes de mis sobrinos biológicos y de los que me han dado mis amigas queridas. Increíble lo que han crecido y que ya no sean los bebés calvitos y rollizos que tuvimos en brazos hace tan poco.
 
Increíble que mi bella Claudette esté llegando a sus trece, que mi callado Javier casi me alcance en estatura y que mi ocurrente Héctor Emilio se haya convertido en un divertido y buenmozo hombrecito.
 
Sorprendente que María Victoria ya esté mudando, que Dominic, Camila y Sophia sean tres veinteañeras sencillamente hermosas, que Nicole acabe de cumplir sus diecisiete y Nicolás esté llegando a sus doce, que mis dulces Oliver y Alejandro sean ya más altos que su madre, que Ariadna esté casi celebrando su quinto aniversario de bodas y que Ariel sea un joven de diecinueve años que esté construyendo una vida exitosa en Orlando.
 
Asombroso que Daniel e Isabela acaben de cumplir cinco años, que Jared ya tenga barba, que mi David esté arribando a sus ocho, que Alejandro se haya vuelto un mini hombre con los mismos rizos de su madre, que Alicia y Astrid sean ya dos adolescentes, que Alejandra sea una niña impresionantemente madura, que Angelo tenga ya veinticuatro años, que Jenn Marie casi esté cumpliendo once y que Amira, que nació ayer, ya tenga un año y tres meses. 
 
Al hacer este recuento me rebosan la sorpresa y el cariño hacia mis sobrinas y sobrinos, que antes de que Sam llegara empezaron a enseñarme lo que representa amar en el más puro sentido de la palabra. A ellos y a sus madres, que tanto quiero y admiro, les mando mi más fuerte abrazo en este mes de mayo, que celebra el amor materno, el más generoso del mundo.
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