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Michael Bay, ¿un Midas entre directores?

EL DIRECTOR, REPUDIADO POR LOS CRÍTICOS, ES RECONOCIDO EN LA INDUSTRIA DEL CINE POR SUS LOGROS TAQUILLEROS
Actualizado 10 de julio, 2011
POR: Emilio Gómez
Este hombre representa para muchos todo lo malo que tiene Hollywood. Ha recibido burlas de incontables detractores en todos los medios por su obsesión con la violencia, con las curvas de las mujeres y sobre todo con las explosiones. Es casi imposible encontrar un crítico profesional que cuente uno de sus filmes entre sus favoritos. Sin embargo, nadie cuestiona el éxito de Michael Bay y una de las publicaciones más prestigiosas en el negocio del cine ha confirmado que todo lo que Bay toca se vuelve oro.
 
Variety, el periódico semanal de la industria del cine norteamericana, le dedicó al director una de sus ediciones recientes, describiéndolo como un “Billion Dollar Filmmaker” o realizador de películas que recaudan billones de dólares. El honor coincidió con el estreno exitoso de Transformers: Dark of the Moon. Dirigida por Bay al igual que las dos anteriores, esta parte de la trilogía sobre robots extraterrestres camuflageados abrió su primera semana con una recaudación aproximada de US$162.1 millones en EE.UU. y US$372.1 en el resto del mundo, a pesar de críticas negativas casi unánimes. En dirección contraria a lo que pasó con Star Wars hace 34 años, Bay convirtió una línea de juguetes en una franquicia exitosa. Entonces nos preguntamos, ¿cómo es posible que un director malo logre todo esto?
 
Parece un detalle cursi de una de sus obras, pero las raíces del estilo de Bay están en su juventud. Nacido en 1965 y criado por padres adoptivos, el pequeño Michael mostró un interés precoz por el cine y su factor de espectáculo, realizando cortos con la cámara de 8 mm de su familia y explotando trenes de juguete con fuegos artificiales para las cámaras, acto que ni su mami ni las cortinas de la casa agradecieron. A los quince, obtuvo un internado en LucasFilm, productora de Star Wars. Aprendió todo lo que pudo de cine allí, aunque pensaba que el proyecto que George Lucas producía en ese entonces sería un fracaso. El joven recibió una lección de humildad con el producto final: Raiders of the Lost Ark, el comienzo de la saga de Indiana Jones.
 
Bay se graduó de la universidad y realizó cortometrajes hasta que en 1989 realizó sus primeros vídeos musicales, primero para Donny Osmond y luego para artistas como Tina Turner, Lionel Richie y Meat Loaf. Uno de los más recordados es I Touch Myself del grupo Divinyls, donde empezó sus experimentos para resaltar la figura femenina.
 
De ahí nuestro intrépido cineasta pasó a ser un exitoso director de comerciales televisivos, ganando reconocimiento y premios internacionales por sus anuncios para Levi’s (la pareja en el elevador), Nike (los patines Alpha Project) y la campaña Got Milk? (el segmento sobre Aaron Burr). Entonces conoció al mega-productor Jerry Bruckheimer y el resto es historia. Bajo su tutelaje creó éxitos como Bad Boys, The Rock, Armageddon y Pearl Harbor. Ambos no han vuelto a trabajar desde Bad Boys II, pero permanecen cerca. Se puede argumentar que Bay, hoy día un exitoso productor por su propia cuenta, honra a su tutor con largometrajes como I Am Number Four y las nuevas versiones de The Texas Chainsaw Massacre y A Nightmare on Elm Street.
 
No se puede llegar tan lejos en el cine como Michael Bay sin inteligencia ni ambición, por lo que pudiera hacer películas más elitistas si quisiera, pero éste entiende la importancia del cine como medio de escape. Él comparte los gustos de su audiencia y nunca la juzga. Todas las obras de Bay son maravillas de realización técnica que balancean una cinematografía refinada con una narrativa rudimentaria. Su fórmula es simple y efectiva: dale a los adolescentes lo que quieren, ya sea romance de telenovela, carros deportivos, pistolas, chicas, efectos especiales o explosiones. Nadie admite en público que le gustan las películas de Bay (con la excepción de Edgar Wright), sin embargo nadie deja de verlas. 
 
Si resulta cliché la culpa no está en Bay, sino en nosotros. En cierta forma, él nunca dejó de ser el niño inquieto que casi quema la casa completa por una buena toma. Su influencia se siente en todo el cine actual, para bien o para mal, como el toque del Rey Midas. 

 
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