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Protagonistas / Leyenda urbana /
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Melissa Violencia

"Y AHORA AQUÍ COGIDA, POR LA CINTURA, LA MUJER SE LLEVA EL DEDO ÍNDICE DE LA MANO DEL TRAGO AL MISMO CENTRO DE LOS LABIOS; UN MECHÓN REGRESA."
Actualizado 12 de febrero, 2013
Rey Andújar
It is hard for me to talk about
happiness and collective pleasure

Paul Virilio
…como la felicidá no tiene formas para ser nombrada. Un golpe o cinco minutos. Quedan por siempre la envidia, la paranoia. Quedan. Van poniendo huevos en las esquinas y telarañas. No dejan respirar tu sábado. Ese cuerpo tuyo trepidante, entrepeso, tu mordida caliente y posible. Del cuerpo tuyo, ese de orilla. Sal y anzuelo cuando en su boca quedo.
 
Es el frío y la nada saturada. Todo es político: un interés deshumano por alantear; la mentira al día. Quiero escribir la calle y sus abusos, de la velocidad y la violencia pero me sales tú al paso; la italiana princesa y el Bosque de Chapultepec o los besos Arimenta Playa Caribe (nunca es muy Caribe delatarse del todo) y tu abrazo. Tu abrazo es así mismito como esa playa, encorvada e impredecible, llena de mozalbetes y tigres, de alacranes y poemas de Piñera.
 
El hombre salió al balcón y con la derecha hecha un capullo acarició un cigarrete. La escritora regresó, hizo unos chistes del abuelo, trajo cerveza y lumbre. Fumaron y olía bien. Hablaron de Nada, de un viaje para Rotterdam y que antes de hacer ese viaje tenía que cambiarle las cuatro gomas al carro. Que si él conocía a alguien… El aprovechó para diluir drama: No le quedaban amigos en la Mediaisla. Ahí hablaron un poco de Haití y de la culpa. Ah, la culpa hijaeputa siempre. Se tuvieron miedo. Iban a Holanda por motivos distintos. A ella la mandaba la familia a la facultad de arquitectura o sea el triunfo mientras él iba hasta Den Haag ayudado por la madre, por enésima vez. El hombre ponía ese fracaso entrelmedio y no se dejaba gozar la mujer, bueno, la muchacha. Cruzaron cuerpos antes, dos veces se quisieron rápido en automóviles en movimiento y casas y camas ajenas, dos veces se quisieron; hubo además una llamada telefónica a altas horas, ella estaba en La Capital y él en Cabarete. La luna era blanca y hacía ruido. La llamada fue tan intensa que cuenta como física. El hombre encuentra, en la reminiscencia, rastros adolescentes que le refrescan el ánimo. Se sabe con derecho a sentir así otra vez; a desear así. “En este sentido la violencia se arrima al cuerpo alante alante. Para ti la palabra vitrina y trabucazo. Suelta el megáfono y el puño. La revolución está en otra parte.”
 
Y ahora aquí cogida, por la cintura, la mujer se lleva el dedo índice de la mano del trago al mismo centro de los labios; un mechón regresa. Reitera el tema de Nada, los fines de semana en Berlín. Dice que estuvo chequeando y que hay vuelos baratos, que yo debería visitar… 
 
Del miedo que es una trampa, una mentira. Todo. Es mentira. El espacio para la farsa de sobra, están los estadios, los palacios de gobierno, senadurías y universidades. ¿Color local? Quiero hablarte de playas y las balas no me dejan. Pongo a mi abuela en un vuelo desde Nuevayores para SDQ y me muerdo los labios pensando en la bala que le están rifando porque las abuelas no son infalibles a la violencia, que es veloz como las balas y las abuelas están rezagadas. Porque son sabias, claro. Repito: esta violencia que se nos ha instalado tiene que ver con la velocidad, o el deseo de velocidad. Malcolm X admiraba el arte de la genuflexión en el Oriente, la filosofía de Behumbled: aspira a más, pero sé menor que tu maestro; sé cero, no quieras ná, pero contradícelo todo. Donde haya que ser alto agáchate y agúzate; en el avance, quédate y respira.
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