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Latidos de la pantalla plateada

RESURGE UNO DE LOS DEBATES MÁS ANTIGUOS ENTRE CINÉFILOS: ¿SON MEJORES LAS PELÍCULAS EN BLANCO Y NEGRO O A COLOR?
Actualizado 11 de junio, 2011
POR: Emilio Gómez FOTOS: Fuente externa
Existen aún muchos amantes de las imágenes reflejadas en la denominada silver screen, entre ellos Steven Soderbergh. Kurt Andersen, anfitrión del programa radial estadounidense Studio 360, entrevistó recientemente al director y éste le ofreció un desglose escrito de su “dieta cultural” del año pasado: los filmes, libros y programas de TV que disfrutó mientras filmaba su último proyecto. ¿El detalle más comentado de la lista? Soderbergh vio Raiders of the Lost Ark, la primera entrega de la serie de Indiana Jones, en blanco y negro tres veces en una semana. De inmediato los comentarios invadieron la “blogosfera” y sitios web como FlavorWire.com crearon listados de largometrajes modernos que son mejores vistos sin color. Parece que, al menos en la Internet, ha resucitado uno de los dilemas más antiguos entre cinéfilos: ¿son mejores las películas en blanco y negro o a color?
 
Es difícil pensarlo ahora en nuestro universo de sobre-estimulación sensorial, pero en los principios del séptimo arte no existía alternativa: la cinematografía, descendiente de la fotografía, al principio sólo podía presentar imágenes en blanco y negro. Más que un impedimento, esto sirvió al principio para diferenciar al cine de otras formas de expresión. Toda imagen proyectada habitaba un tipo de híper-realidad y actores hermosos o talentosos (o ambos) interpretaban los dramas básicos de la humanidad como estatuas gigantescas hechas de metal precioso que cobraban vida, lo que dio al cine uno de sus apodos más apreciados: silver screen, pantalla plateada. Greta Garbo e Ingrid Bergman son dos de las mejores ejemplos de actrices cuyas apariciones demuestran este efecto.

Claro, desde muy temprano hubo intentos rudimentarios de traer color al cine, como los cuadros tintados presentes en La Vie et la passion de Jésus Christ de 1903 y el Technicolor rudimentario empleado en Phantom of the Opera de 1925, pero no fue hasta el tripletazo de Snow White and the Seven Dwarfs, Gone with the Wind y The Wizard of Oz que el color obtuvo prominencia. Con el tiempo, el uso del blanco y negro se volvió una decisión artística o económica. Los realizadores lo utilizaban para beneficio de su visión (Alfred Hitchcock, Psycho) o porque el presupuesto no era sufi ciente para filmar en color (Kevin Smith, Clerks). En años recientes, el bajo costo del video digital ha provocado que el cine independiente y el estudiantil, los consumidores mayoritarios del blanco y negro, lo abandonen a favor del color.

Nadie tiene la culpa, en realidad. El color y el blanco y negro son dos formatos que competían entre sí y uno venció al otro, como el DVD le ganó al VHS, el Blu-ray superó al DVD y todos ellos serán enterrados por la descarga digital. Además, estamos predispuestos al color por nuestra fisiología. Desde que los ojos se desarrollan, nuestra percepción del universo es a colores. Para probarlo: sienta a un niño a ver una película en blanco y negro en la tele. Es casi seguro que lanzará un bostezo y cambiará el canal.

Por ello es alentador que fanáticos y cineastas como Soderbergh defiendan con vehemencia las imágenes monocromáticas en sus películas o en las de otros. El magnate Ted Turner, amante de la colorización de los clásicos del cine, comentó una vez su deseo de quitar el blanco y negro a Citizen Kane. El director Orson Welles exigió antes de morir que Turner no desfigurara su obra “con crayones”. La reacción pública fue negativa, unánime, y Xanadu permanece hoy día un paradis d’argent.

Más relevante aún es cómo los grandes realizadores del cine moderno utilizan el blanco y negro junto con el color para fomentar su visión artística. Grandes ejemplos de ello, cada uno en su forma particular, incluyen a Der Himmel über Berlin (Wings of Desire), Schindler’s List, American History X, Pleasantville, Memento, El milagro de P. Tinto, Sin City y Tetro, entre otros.

Al final, lo importante es que un filme sea trascendental, o al menos entretenido. Pi, Ed Wood y The Man Who Wasn´t There fueran buenas con o sin color, así como fueron los filmes de la era dorada que ellos emulan. Y ese niño que bosteza y cambia el canal seguro encontrara divertido a Charlie Chaplin.

 
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