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Protagonistas / Leyenda urbana /
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La muerte de un estudiante

"NO SE LE PIDE A DANILO MEDINA QUE TENGA CARISMA NI QUE CONDENE LA PASADA IMPUNIDAD, PERO SÍ QUE LA DETENGA."
Actualizado 15 de diciembre, 2012
Rey Andújar
El nivel del discurso en Dominicana sufre de una sobrecarga teórica, complementada por una (des)cultura de la ostentación, por un lado, y por una vertiente paternalista. Lo anterior no es original. La brega del partido de gobierno encuentra parangón en el balaguerismo. Como dice Juan Daniel Balcácer, quien guste de las coincidencias las encontrará en las declaraciones de varios elementos que fueron remunerados para protagonizar la tirria en los pacíficos llamados a la protesta. Ante lo obvio la gente se cansa. El gobierno responde con una mística ante la corrupción. De la cúpula del partido provienen voces iluminantes: Danilo Medina tuvo que hacer bravas concesiones para llegar, lo cual flota desde siempre como sospecha pero la confirmación no sobra.
 
Cada lenguaje genera su contrario. Al discurso diferente de Medina, de la Vice, le hace falta un nivel de coherencia que anule la trampa. Digamos que no hay trampa en que se hayan reelegido [no hay como probar el daño] pero, ¿no duele el descaro tanto como la falta? Y retomando la teoría del discurso de desigualdades, ¿no aumenta cada día la brecha entre los nuevos ricos del partido que gobierna y el resto? La retórica leonelista, que funcionó en su momento se agota y ni Danilo ni la Vice cuentan con ese carisma. Ahora bien, el patrón de Fernández, aunque haya dado resultado, no es necesariamente el correcto; lo que quiero decir es que no se espera que Medina tenga carisma, lo que se requiere de él es que cumpla mínimamente con lo prometido. Es más, no se le pide que condene la pasada impunidad, pero que la detenga. La retórica del partido quiere justificar la irracionalidad mientras la gente está tirada en la calle pidiendo coherencia. Nadie quiere otra cosa. Hace poco el escritor Pedro Cabiya destacó en una carta abierta a Cedeño de Fernández, las incongruencias de este discurso; dice la madama que Leonel y Danilo explicarían la necesidad de las reformas. Eso es querer coger a dominicanas y dominicanos fuera de base, por no decir de pendejos; eso es querer insultar la inteligencia de la gente. Así es que se está batiendo el cobre. 
 
Del otro lado está el pesimismo, porque la protesta es también escenario del figureo, de la mano que tira la piedra y en vez de esconderse le saca todo el jugo posible. Hay toda una literatura, desde el golpe de estado a Bosch hasta Narcisazo, que exagera el brillo de la resistencia. Lo digo por el reguero de camisetas de Caamaño, Amín Abel y Che Guevara y los puños arriba y la cerveza en la siniestra. Para que el nivel del discurso no decaiga la oposición también debe ser coherente. Se sabe que la acción de pancarta y megáfono a la chercha hay un solo paso, una línea muy fina entre la muerte y el olvido.
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