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Protagonistas / Leyenda urbana /
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La amor’ del día de los muertos

"EL AMOR ES TERRIBLE, TIENE REGLAS AUNQUE NO GARANTÍAS. LO IMPORTANTE ES EXTENDER EL ABRAZO, MORDER EL BESO Y LAS CURSILERÍAS, DECLARARSE VIVO EN CADA ESQUINA..."
Actualizado 10 de diciembre, 2011
Rey Andújar
La tristeza es un músculo imposible de ubicar. A uno le queda entonces verle crecer en ciertas mañanas frías, lluvia gobernando y planes trastocados. Quien tenía que correr la carrera era yo; era ésta una de las metas que propuse en el verano para tratar de rebajar los diez kilos más terribles. Las tentaciones en Chicago son muchas pero mucho más en Pilsen, en donde ya la brisa helada se encarga de recordarnos que por los próximos siete meses todo será abrigo y calavera y uno trata de mitigar esa pena con churro y chocolate caliente y huevos con chorizo y tortillas recién hechas. Para un fellow mexican quizás esto es trivial pero para un caribeño que siempre ha comido chistes malos de comida mexicana estos restaurantes son como una salvación. Que viva el Atardecer Acapulqueño.
Como bendición me cae un viaje a la Isla justo para Sangívin y sin pausa Jesenia se pone del lado violento. No le molesta que me vaya al Caribe, lo que la jode es quedarse. Entonces le digo, Pues como a ti te gusta correr fíjate… y le pasé mi número para la Carrera del Día de los Muertos en Pilsen. Por la Isla yo la pasé mortal y vine con un montón de ideas y de ficciones pero Jesenia me mató el gallo en la funda. Al parecer la dichosa carrera fue un éxito rotundo y vino enamorada del barrio. Es extraño porque Jesenia, que es nacida y criada en Chicago y nunca ha mostrado un gusto certero por ningún barrio, viene ahora de grande a decirme que probó unos chilaquiles aquí y un mole poblano allí y que alguien le va a enseñar a freír la mojarra. La escucho hablar mirándole la figura que se consiguió en verano; la muchachita es una chulería. Sigue hablando, describiendo bellamente un mapa de ruidos y sangre, el sabor de las esquinas y los maquillajes de los fellow runners; dice que quiere aprender a escribir mi nombre sin importar que yo calce cincuenta, que fume como chimeneo y que no logre bajar de peso ni con la ayuda de los centros espiritistas. Vivimos en Logan Sq. pero está obsesionada ahora con Pilsen, en donde quiere renovar este amor que me demuestra, ya sea tirándome pailas a la cabeza cuando amenazo con el encendedor en la mano. El amor es terrible, tiene reglas aunque no garantías. Lo importante es extender el abrazo, morder el beso y las cursilerías, declararse vivo en cada esquina aunque la promesa sea congelarse. Ya vendrá de nuevo el verano. Adelante Pilsen.
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