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Grasas buenas para vivir mejor

EL CUERPO ES NUESTRA CASA Y COMO LA SALUD ENTRA POR LA BOCA, ES IMPORTANTE ESTAR CONSCIENTES DE CADA ALIMENTO QUE INGERIMOS Y DE SUS EFECTOS EN EL ORGANISMO
Actualizado 15 de febrero, 2012
POR: Patricia Minalla FOTOS: Fuente externa
Es mucho lo que la ciencia ha descubierto sobre el rol que cumplen las grasas en la alimentación y acerca de sus verdaderos beneficios nutricionales en el organismo. Esto se debe a que se pensaba que las grasas eran dañinas para el cuerpo. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que existen distintos tipos de grasas, algunas contribuyen de forma positiva y otras no tanto. Y más que eso, se ha estudiado hasta deducir cuáles grasas aportan para que nuestra salud sea óptima y cuáles no. ¿Pero por qué tanto afán con este tema? Sencillo, cada célula en nuestro cuerpo necesita grasa y colesteról para mantener en perfecto estado la delicada membrana que la protege. Además, el cerebro está compuesto por 60% o más de grasa. Asimismo, las grasas son una importante fuente de energía y añaden un toque esencial y sabor a la comida. Todos estos factores convierten a la grasa en un nutriente vital, de suma importancia en la dieta cotidiana. Hay evidencia de que muchas grasas son buenas para nosotros porque ayudan a reducir el riesgo de ataque cardíaco y accidentes cerebrovasculares, controlan el nivel de azúcar y el metabolismo. Pero hay que tener cuidado, no todas las grasas son iguales, hay grasas buenas y grasas malas. Veamos las particularidades que distinguen a cada una. 
 
Saturadas y trans: Se las llama ‘malas’ porque incrementan los niveles de colesterol malo en la sangre, reducen el colesterol bueno y no presentan ningún beneficio nutricional. Están las grasas saturadas, que tienen forma sólida a temperatura ambiente y provienen de fuentes animales, como algunos aceites y mantecas, carnes, embutidos, tocino, lácteos enteros. También en aceites tropicales como el de coco y otros alimentos procesados y fritos que atascan las arterias y puedan causar otros problemas que afectan a la salud coronaria. En este grupo además, se encuentran las grasas trans, que son las que se crean cuando el gas de hidrógeno reacciona con el aceite. Están presentes en muchos alimentos envasados, como la margarina, las galletas, pasteles, donas y papas fritas. Son peores que las grasas saturadas, porque una vez ingeridas se van directamente a los vasos sanguíneos, ocupan el sistema nervioso y se acumulan en la cintura. 
 
Buenas o insaturadas: Se las conoce como monoinsaturadas y poliinsaturadas y son altamente bondadosas con la salud y con el sistema cardiovascular porque reducen las grasas malas e incrementan las buenas en la sangre. También ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre. Estas grasas se encuentran en el pescado azul (gran fuente de ácido graso omega-3), los granos integrales y en ciertos aceites vegetales como el de oliva, maní, ajonjolí, canola y girasol. También en el aguacate y en algunos frutos secos como las almendras y el maní. Se ha observado que las grasas poliinsaturadas (y en menor medida las grasas monoinsaturadas) reducen los niveles de colesterol, y ayudan a mantener un corazón sano. 
 
De manos de expertos
Una investigación realizada por la escuela de Salud Pública de Harvard, publicada en marzo de 2010, demostró que la sustitución de las grasas saturadas por la misma cantidad de grasas poliinsaturadas puede reducir el riesgo de enfermedad coronaria en un 19 por ciento. En lo que se refiere a las grasas malas, la Organización Mundial de la Salud recomienda evitar su consumo tanto como sea posible y reemplazar alimentos con un alto contenido de grasas saturadas, como la mantequilla, por otros ricos en grasas poliinsaturadas, como el aceite de oliva. Aconseja además que la ingesta diaria de grasas trans no exceda el 1% y la de grasas saturadas sea menor del 10%.

Por tanto, lo mejor es ocuparnos de llevar una dieta rica en nutrientes esenciales, vitaminas, minerales y grasas benévolas para así disfrutar de salud en plenitud.

 
+RECOMENDACIONES

Como es importante contar con un buen nivel de grasas sanas (necesarias) para el buen funcionamiento del organismo, aquí damos algunos consejos para ayudarte a elegirlas:
 
• La clave en comer grasas sanas está en la calidad de ellas. Cuanto menos procesadas las grasas, mejor. 
 
• Ingiere diariamente dos cucharadas de aceite omega o dos cucharadas de semillas de linaza, girasol o sesamo.
 
• Come pescado tres veces por semana. Salmón, truchas, sardinas, caballa y arenque tienen alto contenido de Omega 3.
 
• Que no falte en tu dieta todo tipo de legumbres.
 
• Consume cinco porciones diarias de frutas y verduras.
 
• Evita las grasas saturadas, la bollería, los productos lácteos, las carnes rojas, los embutidos y en lo posible los alimentos fritos.
 
• El aceite indicado para preparar los tus comidas es el oliva virgen.
 
• Reduce al mínimo la ingesta de arroz, azúcares, las pastas y aquellas delicias elaboradas con harina.
 
• Verifica si las grasas que estás utilizando son las indicadas para que tu cuerpo se mantenga saludable.

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