Y a partir de este enunciado, la era post-hipster está recabando nuevas alternativas en esta inmensidad de posibilidades facilitadas por la red mundial y el flujo de información constante.
Estamos en una recesión económica, sin embargo, históricamente es sabido que estas etapas son ricas en producción artística. De la pasada Bienal de Arte de Santo Domingo, dos artistas llamaron la atención por el tema y ejecución de los trabajos seleccionados. Aisladamente, provenientes de la misma escuela de arte, mostraron lo que parecería ser un avistamiento al futuro inmediato que nos espera en materia de artes plásticas.
Moisés Pellerano presentó en formato bidimensional un trabajo interesantísimo titulado “Rape?” (¿Violación?). En óleo sobre tela se nos muestra una escena de explícita violencia: dos hombres en plena lucha, desnudos en lo que claramente es una posición coital, que a primera vista resulta primitiva y forzada. En un acercamiento encontramos que entre ambos elementos hay roles definidos.

Primeramente está el individuo activo, con abundante cabellera, sostiene una expresión plácida y arrullante, concentrando la fuerza en sus manos que empujan, sostienen o inmovilizan al individuo pasivo y así enfatizan la sensación de lucha. Pero, ¿están peleando? El individuo pasivo por el contrario, expresa una muy realista expresión de incomodidad, hasta dolor me atrevería a decir. Sin embargo, sus manos están sueltas: con la derecha aprieta el puño, con la izquierda se agarra la cabeza.
Claramente estamos en presencia de un conflicto de índole interior que me hizo pensar en el icónico “Beso” de Gustav Klimt. Marie Jiménez fue seleccionada con varios trabajos, pero su obra más poderosa presenta a una pareja joven de mujeres tomando una ducha mientras intercambian un apasionado beso en el resguardo de un chorro de agua convertido en santuario.
A diferencia de la obra de Pellerano, en este lienzo de Jiménez no hay rastros de violencia. Al contrario, una dulce sensación de intimidad nos convierte en voyeur en frente del cuadro. Pellerano y Jiménez han presentado estas obras en el más delicado hiper-realismo, sin velos, simbolismo, ni recreación alguna más que la perfecta realidad, lo que les agrega un efecto litigante a los ojos de aquellos incautos conservadores y protectores de la moral. En mi opinión estamos presenciando los umbrales de una nueva generación, la Generación de la Carne que sin cinismo está tratando temas tan agitadores como el amor homosexual y la desinhibición sexual sin tornarlos mórbidos, temas que nuestra cultura aún trabaja en poder digerir. Ambos artistas, sin embargo, apenas han terminado su formación en el arte y ya han sido parte de una bienal. Es un buen augurio para estos jóvenes creadores de quienes no puedo esperar a ver qué más nos presentarán próximamente.