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Gael García Bernal: “El éxito supremo y verdadero es ser feliz”

TRECE AÑOS DESPUÉS DE "AMORES PERROS", GAEL GARCÍA BERNAL ES UNO DE LOS ACTORES LATINOAMERICANOS MÁS RECONOCIDOS Y APLAUDIDOS. HOY SU SONRISA SERENA Y SUS OJOS CLAROS VUELVEN A BRILLAR CON ÉXITO EN LA PANTALLA GRANDE GRACIAS AL FILME "NO", DEL CHILENO PABLO LARRAÍN, QUE COMPITE POR EL ÓSCAR A LA MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA. EN ESTA ENTREVISTA GAEL HABLA CON REVISTA U DE SU PAPEL ESTELAR EN ESTA INTERESANTE CINTA, DE SUS ROLES COMO DIRECTOR Y PADRE, Y DE LOS RETOS QUE AÚN LE ESPERAN EN SU CARRERA
Actualizado 12 de febrero, 2013
POR: Francis Rodríguez FOTOS: Fuente externa
Gael García Bernal se reinventa con cada nuevo proyecto que llega a sus manos. Renace reafirmando en cada escena su alto calibre como actor y su gran compromiso con el cine latinoamericano. En esta oportunidad, NO, como se titula la cinta en la que pronto se le podrá ver en las salas de cine dominicanas, lo sumerge por completo en medio de uno de los momentos más cruciales de la historia reciente de Chile y llena además de inmenso orgullo a toda Latinoamérica, que se ve representada en él, con la inclusión del referido filme en el renglón de Mejor Película Extranjera de los premios de la Academia.
 
El personaje de García Bernal en la cinta es el de René Saavedra, un joven publicista hijo de padres exiliados chilenos que acepta trabajar en la campaña política que aboga por un NO a la continuidad del dictador Augusto Pinochet en el poder y que busca unas elecciones justas para el país, a raíz del plebiscito que anuncia el propio dictador, presionado por Estados Unidos en 1988.
 
El régimen Pinochet cumplía en ese entonces 15 años marcados por las desapariciones, los encarcelamientos y la violación a los derechos humanos. René Saavedra recibe una propuesta para evaluar la campaña publicitaria del NO, de manos de una coalición formada por 16 partidos de oposición.
 
“Esta es una película importante. Cuando algo es importante y es expresado por medio a cualquier forma del arte, entonces sin dudas esto tendrá trascendencia y relevancia, de modo que la gente se pueda conectar con la historia y es lo que ha pasado con esta cinta”, comenta el actor, padre de dos niños, Lázaro y Libertad, y quien incluye en su prestigioso bagaje en Hollywood cintas como Babel, The Motorcycle Diaries y Letters to Juliet.
Luego de ver la cinta es inevitable quedarse tarareando continuamente “Chile, la alegría ya viene”, el famoso tema de campaña del NO. Y es que el personaje René Saavedra decide (tras revisar el material creado para la campaña) cortar de raíz todo lo que tenga que ver con muertes, torturas y bombas lacrimógenas, convencido de que esto asustaría a los votantes. Él plantea que, por el contrario, todo el mundo quiere ser feliz y por eso la felicidad debe ser el eje central de la estrategia publicitaria. Por su lado, García Bernal confiesa que quedó atado al personaje porque en su opinión termina convirtiéndose en un ser humano heroico. “Él logra transformarse en un ser admirable por muchas razones. Que viva Saavedra, yo ya lo extraño”, agrega el actor que seduce al instante por el perspicaz análisis que sale a relucir en cuanto aborda algún tema de la realidad que lo rodea.
 
Para García Bernal, René es un personaje inherente al contexto en el que vive, pero al mismo tiempo es eterno, porque representa el despertar político de una persona aparentemente apolítica. “Siendo René como es, una consecuencia de la vida política de sus padres, el exilio, la persecución, ese sentimiento de siempre sentirse extranjero, sin darse apenas cuenta él busca redimirse a sí mismo para tratar de cambiar su entorno. Siento que este es un acto de madurez recurrente en los seres humanos, que aparece cuando uno se da cuenta de que es posible cambiar las cosas mano a mano”. En esta entrevista, Gael García Bernal habla de No, de su vida como padre, de su singular visión del éxito, de sus colaboraciones con su célebre amigo Diego Luna, de su compañía productora y de distribución Canana Films y de su primer encuentro con la República Dominicana, dejando abierta la posibilidad de regresar a este país que tan buena impresión le dejó.
 
¿Cuál fue a tu juicio el mejor movimiento de la campaña del NO, considerando su dimensión política y publicitaria?
El mejor movimiento de la campaña fue por un lado tomar ventaja del sistema neoliberal implementado por la dictadura a su conveniencia y por el otro lado, la democratización de los medios masivos de comunicación en el rudimentario estado en el que estaba en ese entonces. Uno puede decir que ellos tomaron el ala derecha desde los dos lados, el izquierdo y el derecho. Ellos apelaron al optimismo y a la felicidad en un país sumergido en el doloroso impacto de su política reciente.
 
Pinochet es el único dictador en la historia reciente que ha bajado del poder a través de unas elecciones democráticas. ¿Cómo ves a Saavedra desde este punto?
Yo pienso que lo que se logró en ese momento fue uno de los actos de fraternidad más puros e importantes que la democracia ha experimentado en el mundo. Aún estando conscientes de que estaban entrando en una elección que era ampliamente percibida como fraudulenta desde el mismo principio, ellos confiaron en que era válido el sacrificio de mostrar sus caras de una vez por todas, por ellos mismos, por sus padres y por sus hijos. Aquí es donde Saavedra, en mi opinión, se transforma en un admirable ser humano.
 
En consonancia con este papel, que te tocó tanto a nivel humano, ¿cuál ha sido el reto personal más grande al que has tenido que enfrentarte?
El reto más grande que te he tenido que enfrentar es ese mismo que puede experimentar cualquier otra persona en cualquier otra carrera: el reto de escucharse a uno mismo. Es un arte muy fino y poco estudiado. Es difícil aprender a escucharse a uno mismo para saber qué decisión tomar o qué camino emprender. Quizás sea un camino que a la distancia se ve difícil y espinoso, pero que te llena, que te puede hacer crecer. Lo más difícil es encontrar congruencia con uno mismo, buscar la libertad y aceptarla porque igual puede asustar mucho.
 
¿Qué sabor te dejó tu debut como director en Déficit?
Me divirtió, me encantó y me dejó unas intensas ganas de revancha. Ahora quiero estar detrás de cámara otra vez, es muchísimo trabajo, pero quiero la revancha para de alguna manera satisfacer las inquietudes con las que quedé.
 
Canana (tu compañía productora en sociedad con Diego Luna) parece marcada por temas de sensibilidad social. Es el caso de la cinta Sin nombre, una película fantástica y con mucho peso social.
Tenemos una preocupación o la intención de contar historias de manera honesta con el punto de vista del director o directora. En Latinoamérica la complejidad política está permeada en todo lo que hacemos. Entra en juego en la sexualidad, en la religión. Uno no se puede escapar, querer escaparse es negar un elefante blanco que está presente. Lo mejor es aceptarlo y dejarse llevar y dejar que sea parte del contexto. 
 
En ese mismo contexto, ¿que tipo de películas te gustan como productor o director y pensando en lo que aportará esa cinta a la memoria del espectador?
Me gustan las que no señalan, prefiero las que dejan que el espectador llegue a sus propias conclusiones o las que ayudan a crear nuevas preguntas o atizar algún tipo de preocupación.
 
¿Qué te preocupa?
Resulta quizás grosero cuando uno dice un tema y luego quedan miles fuera. Por eso prefiero decir que la injusticia es mi preocupación, la injusticia social, económica, ecológica, cultural, injusticia de todo tipo a todos los niveles que se vive en Latinoamérica u otras partes del mundo. Pienso que lo mejor es entender los problemas como un todo y saber que todos somos coresponsables de lo que sucede porque es un mundo globalizado. Somos responsables de nuestro prójimo también, si sucede un acto injusto en la India, por ejemplo, todos tenemos la responsabilidad de protestar y alzar nuestra voz por eso. Igual reniego de cualquier calificativo que me ubique en un sitio, en una posición, reniego del prejuicio también.
 
¿Qué tanto ha cambiado tu vida después de convertirte en padre?
Como padre ves todo diferente. Es un cambio radical, es un algo que se te pone como una imposición fuertísima, todo es distinto pero para bien. Todo cambia de la misma manera en que todo cambia cuando eres un niño y nadas en el mar, tu relación con el mar cambia por completo y como en este caso un bebé es vida, mi relación con la vida cambió.
 
Desde muy temprana edad has estado ligado a la actuación, pero ¿en qué momento decidiste consagrarte a esto y hacerlo el centro de tu vida?
La verdad es que todavía estando en la escuela de actuación, con 21 años de edad y aún después de hacer Amores perros yo todavía no estaba consciente de que quería dedicarme a la actuación. Luego de Y tu mamá también tome la decisión. Fue una experiencia tan bonita hacer esa película y la forma en que la gente la recibió. Fue fantástico. La cinta viajó por todo el mundo y lo irónico es que no esperábamos nada de esa cinta y todo se dio de manera muy generosa y alegre. 
 
Con Rudo y Cursi volviste a reunirte con Diego Luna y con Alfonso Cuarón (director de Y tu mamá también). ¿Cómo recuerdas ese reencuentro?
Muy divertido. Con Diego de una manera u otra nunca he dejado de trabajar porque tenemos en común Canana. Yo por ejemplo trabajé en la producción del documental que él dirigió y Diego me ayudó en la producción del trabajo que yo dirigí. Alfonso y Carlos Cuaron, Guillermo del Toro y el Negro (Alejandro) González Iñárritu son todos nuestra familia fílmica. A Carlos le mandamos todo lo que queremos hacer y siempre es un rebote creativo buenísimo y ellos nos han ayudado a Diego y a mí a buscar nuestro propio camino y a hacer cada uno digamos que su cine. 
 
Tu personaje en Rudo y Cursi, el de Tato Verdusco, buscaba la fama a toda costa y luego se le subieron los humos a la cabeza. Tú al igual que Diego Luna, muy por el contrario, tienen personalidades “anti fama” y “anti Hollywood”. ¿Qué representa para ti el estatus de celebridad?
Hay famas y famas, cada quien sigue un camino en particular. Hay famas de hacer lo que te gusta y gente que es famosa porque asesinó a alguien o por participar en un reality show. Cada una son famas distintas y dispares. La historia de la fama para Diego y para mí no es una historia romántica. Venimos de familias teatreras y entendemos la dimensión y la dinámica de interpretar a otra persona y la notoriedad que puede devenir del trabajo que uno hace. Yo valoro mucho que la gente siga el trabajo que uno hace porque si nadie oye o ve las historias entonces dejan de existir. Al margen de eso, tengo una visión muy diferente de lo que es la fama. 
 
¿Podrías compartir esa visión con los lectores de U? 
En Rudo y Cursi, para usar esos mismos personajes de ejemplo, estos dos hermanos tienen una idea errónea del éxito: piensan que el éxito es la fama. Para mí, el éxito supremo y verdadero es ser feliz. Es lo que todos buscamos y es algo que no obedece a ninguna clase social o raza. Estoy contento de hacer lo que me gusta y eso es un éxito en sí mismo para cualquier persona porque hay tanta gente que hace lo que no le gusta. Soy muy afortunado y siento que hacerlo es tener una suerte del carajo. Me encanta saber que puedo hacer lo que me gusta.
 
¿Qué te divierte fuera del trabajo?
El trabajo lo es todo en mi vida prácticamente, pero me encanta leer, salir con mis amigos, pasar tiempo en familia, escuchar todo tipo de música y tocar un poco la guitarra.
 
¿Has estado alguna vez en República Dominicana?
Sí, dos veces, y lo disfruté mucho. Estuve en muchos lugares allá, en Santo Domingo, por supuesto, y fui a un lugar que me fascinó, que se llama El Mesón de Bari, me gustó mucho.
Ambulante, la organización sin fines de lucro para difundir el cine documental de la que eres co fundador con Diego Luna y Pablo Cruz, ha estado viajando a diversos países como Cuba, Argentina y España. 
 
¿Existe alguna probabilidad de que puedan ir a República Dominicana algún día?

Nadie nos ha invitado todavía a ir, pero me encantaría. Ojala y pudiéramos ir con Ambulante a República Dominicana, me gustaría mucho. 

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