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Entre megalómanos ficticios y reales

EL ESCÁNDALO DE RUPERT MURDOCH HACE A MUCHOS BUSCAR ANALOGÍAS EN UN CLÁSICO DEL CINE
Actualizado 15 de agosto, 2011
POR: Emilio Gómez FOTOS: Fuente externa
Los problemas actuales de un verdadero magnate de los medios provoca que se le compare con otro, pero ficticio. El escándalo de espionaje telefónico realizado por el ahora extinto tabloide británico News of the World ha traído mucha exposición negativa a Rupert Murdoch, cabeza de News Corp., empresa propietaria del tabloide y el segundo consorcio de medios de comunicación más grande del mundo. Muchos reporteros que cubren la noticia han comparado a Murdoch con otro gran megalómano de la prensa, uno que sólo ha existido en celuloide desde 1941: Charles Foster Kane, el enigmático protagonista de la ópera prima de Orson Welles, Citizen Kane (Ciudadano Kane).
 
Sin embargo, pocas analogías existen entre la vida de Murdoch y la de Kane. Ambos heredaron su fortuna, ambos la invirtieron en la prensa y ambos utilizaban sus medios para propagar sus ideales e intereses. Nada sorprendente sobre ello. Lo que sí es asombroso es que Murdoch y Kane sean comparados a diferencia de, por ejemplo, Murdoch y William Randolph Hearst, el individuo verdadero en el cual se basaron Orson Welles y el guionista Herman J. Mankiewicz para crear su personaje. Por tener tantas similitudes con la vida de Hearst, sus seguidores atacaron mucho a Welles y a RKO, el estudio que produjo el filme. Hasta hubo personas que querían pagar por destruir toda copia existente del largometraje, pero gracias al contrato que le daba a Welles un control total y a la eliminación de varias escenas cortas para complacer a los abogados de Hearst, este plan no resultó. La película, por culpa de la “controversia Hearst”, perdió dinero en su estreno, y sólo recibió un premio Óscar (al Mejor guión) de sus nueve nominaciones. El tiempo, sin embargo, ha sido muy favorable para Citizen Kane, y en la opinión de muchos historiadores y críticos representa la mejor película de todos los tiempos. ¿Y Hearst? Bien, gracias.
 
A un espectador moderno que vea a Kane pudiera gustarle o no, como cualquier otra película actual, y pudiera obviar que muchos elementos de ésta, detalles vistos en incontables filmes más, fueron innovaciones que Kane estableció en su época. Un gran ejemplo es el uso del lente de foco profundo, una técnica de cámara perfeccionada por el cinematógrafo Gregg Toland con la cual todos los objetos en la pantalla se ven en el mismo plano. Esto le permitió a Tolland y a Wells crear muchos encuadres y movimientos de cámara ingeniosos que juegan con las escalas y la percepción de los objetos en cada toma. Welles fue el primer director de Hollywood en reconocer la enorme contribución de su cinematógrafo, colocando en grande su nombre bajo el suyo en los créditos finales.
 
El valor de Kane no sólo se limita a tomas y trucos de cámara. Su trama conlleva el estudio a gran escala de la subida y caída de un gran hombre desde el punto de vista de quienes pensaban conocerlo. Para involucrar al público en el misterio Welles nos da un avatar invisible: el reportero Jerry Thompson (William Anaud), quien investiga el significado de “Rosebud” (bulbo de rosa), la última palabra dicha por Kane en el lecho de su muerte. Welles no desea distraernos con la vida de Thompson pues Thompson representa a la audiencia; por tanto, su rostro es mantenido bajo sombras y sombrero todo el tiempo. Y Kane fue uno de los primeros filmes en utilizar un recurso similar. Thompson nunca aprende el significado de Rosebud y el reportero razona que si lo hubiera descubierto de nada le serviría, pues sería “otra pieza de un complicado rompecabezas”. A pesar de que el espectador sí conoce el secreto al final, termina en acuerdo con la opinión del investigador en más de una forma. Kane, además, innovó en el uso de iluminación, escenarios en miniatura, estructura narrativa y muchos otros renglones del cine. 
 
Dice mucho de la película el hecho de que aún hoy día el término “Ciudadano” sea colocado previo al nombre de un hombre poderoso para describirlo como corrupto, y hasta los jóvenes que jamás han visto la obra entiendan el juego de palabras en el ejemplo de Rupert Murdoch y muchos otros. Pero lo que es aún más importante: el legado histórico y artístico de Citizen Kane no se limita a ello. 
 
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