|    Síguenos en:  
Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  Síguenos en Google+  Síguenos en RSS
 
Beat / Yo soy el cine /
Compartir: Enviar a un amigo  Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  

En búsqueda de la versión absoluta

¿PUEDE EXISTIR LA EDICIÓN CANÓNICA, OFICIAL, DEFINITIVA DE UNA OBRA CINEMATOGRÁFICA?
Actualizado 1 de agosto, 2013
Emilio Gómez

¿Existe en verdad la “versión definitiva” de un filme? Me lo pregunto siempre que escucho sobre una nueva “restauración” de una película clásica o me entero sobre el lanzamiento de un nuevo “director’s cut” de una cinta vista en mi adolescencia. En un mundo habitado por seres que persiguen la perfección de forma constante y nunca la alcanzan, ¿puede un individuo alegar que tal o cual largometraje ha regresado en su presentación absoluta? Como amantes del cine, ¿en serio podemos llegar a un acuerdo de cuál debe ser la edición canónica de Apocalypse Now? ¿La Empire Strikes Back? ¿la Metropolis de Fritz Lang? ¿la E.T. the Extraterrestrial? ¿la The Lord of the Rings? ¿la Blade Runner? ¿la The Abyss?

La respuesta depende del punto de vista de cada persona.

Es más fácil contestar “claro que no” y plantear razones. La primera traba en contra de una versión definitiva es que un número muy pequeño de películas—¿me atrevo a decir ninguna?—termina siendo lo que fue imaginado por sus autores. Cuando muchas personas opinan sobre una idea, ésta sin duda será cambiada (“Un camello,” comentó una vez el diseñador original del Mini Cooper, “asemeja un caballo planificado por un comité”) y el cine es sobre todo un arte colaborativo. Cientos o miles de seres humanos trabajan como hormigas, con un fin común y personalidades distintas, cada uno aportando un poco de sí en cada producción. Si la barrendera del estudio cuenta un chiste al director, y éste encaja con la trama, pudiese introducirlo aunque no formase parte del guión. Situaciones similares han ocurrido y cada ingrediente que se añade a la receta cuenta, aunque fuese imprevisto, si el cocinero es hábil. La última línea de Chinatown fue improvisada, por ejemplo, y Jaws hubiese sido otra historia si el tiburón mecánico funcionase correctamente durante la filmación. Cada editor de cine debe ensamblar una de infinitas posibilidades.

El pirata Han Solo (Harrison Ford) dispara de segundo en las versiones más recientes de Star Wars Episode IV: A New Hope. (FOTO: Lucasfilm.)

Luego de ello debemos considerar las barreras culturales y lingüísticas, pues el cine es un negocio internacional. Para alcanzar ciertos mercados es necesario subtitular un largometraje y con frecuencia doblar los diálogos en varias lenguas. La experiencia de ver Shrek o cualquier cinta animada es diferente en inglés que en español, por más fiel que sea la traducción. Existen ocasiones, como en la reciente Iron Man 3, que la versión destinada a otra nación tiene escenas extra hechas especialmente para ese mercado. Hasta Clue contaba con seis finales distintos para su país, que variaban según el cine donde se proyectara.

Los mismos títulos de la película varían de región en región, porque la traducción literal del nombre resulta imposible o “poco atractiva” (el mercadeo en función). En los años 80, la única forma de distinguir una comedia de un drama era que la primera llevaba la palabra “Loca” en el título, por lo que teníamos “Locademia de policía” en vez de Police Academy y “Loca academia de pilotos” a diferencia de Hot Shots. Para evitar confusión, mi filosofía en cuanto a los títulos siempre ha sido utilizar el que lleve en su lengua original y traduciéndolo cuando fuese necesario, a pesar de títulos poéticos como “Con la muerte en los talones” motiven mi imaginación más que algo como North by Northwest.

Existen al menos siete versiones diferentes de la película Blade Runner de Ridley Scott. (FOTO: Warner Bros.)

Luego del estreno del filme, y con el paso del tiempo, vienen los cambios. Un director o un estudio decide modificar su obra original con escenas recién descubiertas o más efectos especiales para revender su producto—ya hemos discutido eso antes en esta columna. Hasta se han visto casos de cintas antiguas “remasterizadas” a una versión “como la de su estreno” porque fue ubicado un carrete dentro de una caja fuerte en un armario ignorado. Obras maestras silenciosas como la filmografía de Georges Méliès se hubiesen perdido de no ser por “coleccionistas”.

Si nos entramos en el mundo de las secuelas, los remakes, las adaptaciones de cine a libros o paquitos, la evidencia en contra se acumula aún más.

¿Es posible entonces, con todos estos factores en juego, la versión definitiva de una película? Sí. Todo arte es subjetivo y nuestra opinión es personal, por lo que la versión definitiva siempre será la que retenemos en nuestra mente luego de ver un filme. En uno de los capítulos que componen su libro biográfico Travels, el escritor Michael Crichton relata haber entrevistado un aborigen para quien Raiders of the Lost Ark era la historia de cómo Indiana Jones supera su miedo a las serpientes. ¿Quién entre nosotros se lo discute?

Volver arriba Volver arriba
Compartir: Enviar a un amigo  Síguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  
Comentarios Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 


Publicidad


Revista U © Asalvo Comunicación. Todos los derechos están reservados.
Diseño por The Black Jaus & Emilio Gómez. Plataforma por WordPress.

Aviso Legal | Política de privacidad | Publicidad