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El tiempo en mis manosCada noche, antes de acostarme, cuento con parsimonia las horas que dedicaré al sueño. El dedo índice de la mano derecha toca los dedos de la mano izquierda empezando por el meñique. Uno, dos, tres, cuatro y cinco; y de vuelta al meñique, seis, siete y ocho horas, hasta las seis de la mañana, siempre y cuando el conteo empiece a las diez de la noche. Sin embargo, las ocho horas de sueño casi nunca suceden. A pesar de hacer fielmente mi proyección ideal de tiempo en reposo profundo, pocas veces me duermo antes de las 11 de la noche, de manera que esas horas pueden ser unas veces siete y otras seis o cinco.
Esta manía mía de contar el tiempo es una de las tantas que poseo. También tengo los malos hábitos de morderme las uñas, de secar las papas fritas con servilletas de papel antes de saborearlas y de recogerme el pelo en una cola aunque no sienta calor y aunque la melena suelta y recién peinada luzca espléndida.
Pero, la “maña” de hacer un inventario del tiempo supera a toda mis otras obsesiones y viene a ser la manifestación más elocuente de esa preocupación mía que es rendir los segundos, los minutos y las horas, y de estirar el día hasta extraerle el néctar de la productividad en estado puro.
Cuando no logro mi objetivo suelo buscar culpables. Desde las llamadas telefónicas que desconcentran y los tapones interminables de las 8 o las 5, hasta las absorbentes redes sociales y sus actualizaciones tentadoras. Me impresionan los amigos y amigas que siempre están disponibles en Twitter o Facebook, y que además cumplen cabalmente con su trabajo y sus quehaceres personales.
Finalmente, al llegar la noche, termino sincerándome y haciendo un mea culpa, con el propósito de agilizar mi reloj interno al día siguiente. Pero también con la intención de “pasarme la mano” y pedirle al mismo yo interno que fiscaliza el reloj, que me permita relajarme más y exigirme menos.
El paso indetenible del tiempo es la gran verdad de la existencia. La realidad ineludible de los que estamos vivos. Pero su rapidez muchas veces nos sorprende y nos deja la sensación de no haberlo aprovechado lo suficiente.
Y qué significa aprovechar el tiempo si no hacer las cosas que cada quien considera valiosas.
Con diciembre asomando su nariz pienso en lo veloz que ha transcurrido este año y en que pronto 2012 estará aquí para que todos empecemos un nuevo periodo de nuestra historia individual y colectiva.
Me pregunto cómo caminarán el mundo y su maltratada economía, qué pasará en Haití cuando casi está conmemorando el segundo año del Terremoto y sigue siendo un país destruido; que pasará aquí en este nuevo año electoral que ha llegado tan rápido y con su ruido hueco de promesas repetidas.
¡Muchas preguntas para tan poco tiempo! Además, se me está haciendo tarde. Mi reloj marca las 11:01 y debo contar las horas en mis manos.
Recuerde que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
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