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Espía de tendencias / La moda a mi modo /
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El síndrome del espejo mentiroso

 
Actualizado 10 de julio, 2011
Cherny Reyes
Numerosos estudios demuestran que no somos capaces de vernos a nosotros mismos con claridad: muchas veces sobreestimamos nuestras cualidades y somos “como ciegos” de nuestros errores. Existen mecanismos responsables de esta falta de autoconocimiento: por ejemplo, el efecto del falso consenso, que contribuye a hacernos pensar que existen otros parecidos a nosotros. Algo así como que Yanira La exclusiva de la bachata jure que luce como Pamela Anderson, sólo porque ambas compartan pechos grandes. Ese autoengaño se refleja sobre todo en la ropa y en cómo nos queda. Yo prefiero no darle vueltas al asunto y denominar a este mal social convertido en epidemia del estilo: el síndrome del espejo mentiroso.
 
Sábado por la noche. Segafredo de la Zona Colonial. Un santuario casi más efectivo que Facebook para “llevarle la  vida” a quienes no son tus amigos. Sentado al aire libre en esa pasarela urbana, que va desde la Isabel La Católica hasta la calle Las Damas, el espectáculo puede resultar muy revelador, ¿casi pornográfico?
 
En una especie de burlesque ambulante ves: vestidos de spandex que pueden reventar en cualquier momento, pechos que, en vez de asomarse, parecen saltar, chichos (en todas las formas y versiones), “alcancías” que sobresalen de los posteriores de los pantalones de talle bajo…
 
Y te preguntas: ¿por qué de repente todo el mundo cree que, a pesar de pesar 200 libras, es talla Small? ¿Es un asunto de ego usar un size más pequeño? ¿Cuál es el beneficio del autoengaño?
 
Pero, en contra de toda ley del entalle perfecto, estas mujeres, más apretadas que la situación, moradas de estar sumidas, pasean sus generosas arquitecturas corporales con más seguridad que la que tiene la bóveda del Banco Central.
 
Ante la escena, te preguntas si son las modelos de talla cero las responsables de crear una falsa imagen en las mujeres dominicanas. Y las auténticas culpables de que muchas de las criollas crean que aun bajándose su moro a diario, pueden lucir como una de esas chicas que, como mucho, se llevan a la boca media lechuga. 
 
Pero el fenómeno es popular y creciente. Enciendes la televisión y desde las bailarinas que se contonean en mallas hasta la presentadora “mamasota” de pechos brillosos está en sobrepeso y se enfunda en un vestido de licra.
 
¿Estas mujeres han sugestionado al espejo para que les devuelva la imagen que anhelan en vez de la que tienen? O lo que les ha hecho perder la perspectiva es quizá el indomable impulso de envidia de: “si ella se lo pone, yo también tengo derecho”. ¿Tienen las mujeres entre sí una guerra fría? ¿Una silente competencia que las empuja a mostrar de más, a arriegarse a ser vulgares en vez de sexy? La firma de tallas grandes Marina Rinaldi afirmaba que: el estilo no es una talla. Yo agregaría: usar una talla más pequeña de la que te toca nunca te sumará estilo.
 
Aunque suene a Deepak Chopra: la aceptación, un size más grande y hacer las paces con el espejo son los primeros pasos para sobreponerte a la epidemia. 
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