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‘El pelotudo’: Un chistoso dilema existencial

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La música de Gilberto Santa Rosa invade mi mente en estos instantes. El maestro salsero se ha alojado allí para interpretar su éxito Conciencia en una incesante tanda de repetición instantánea. La razón de esto, sospecho, es mi dificultad de catalogar El pelotudo, la entrega comédica/deportiva más reciente del cine dominicano. Mi conciencia me obliga […]
Actualizado 12 de junio, 2014

La música de Gilberto Santa Rosa invade mi mente en estos instantes. El maestro salsero se ha alojado allí para interpretar su éxito Conciencia en una incesante tanda de repetición instantánea. La razón de esto, sospecho, es mi dificultad de catalogar El pelotudo, la entrega comédica/deportiva más reciente del cine dominicano. Mi conciencia me obliga a enfocarme en sus múltiples deficiencias de narrativa visual (y buen gusto), pero “me dice el corazón” que debo considerarla como lo más cercano al surrealismo que hemos visto en esta industria, una entrega más sublime que ridícula anclada por la actuación valiente de su intérprete principal. ¡Tremendo dilema existencial el mío!

Como indican sus avances, El pelotudo narra la historia de Martín Alesso (Michel Gurfi), un joven argentino que, gracias a un viaje realizado en su infancia a Nueva York, se siente inexplicablemente atraído al béisbol. Su mejor amigo (Diego Vicos) lo apoya en su obsesión, aunque no logra comprenderla. Fútbol es la norma en Argentina, después de todo. Es un impulso genético, su práctica incuestionable, lo que hace de Martín una anomalía solitaria en su propia tierra.

Su oportunidad dorada llega cuando descubre que su ídolo de las Grandes Ligas (Gilberto Reyes) reside en Buenos Aires con su esposa (Laura García Godoy). El chico logra convencer al lanzador cubano retirado que lo entrene, pero se da cuenta que todas las avenidas hacia las ligas mayores están cerradas excepto una: la temporada invernal de la pelota dominicana. Seguro de su destino, Martín vuela a Santiago de los Caballeros donde es acogido por Rigo (José Guillermo Cortines), un amigo del cubano con contactos en el equipo de las Águilas Cibaeñas.

Su abogado Tabito (Félix ‘Ñonguito’ Tejeda) no encuentra forma de vender un argentino como jugador sin ser ciudadano, por lo que sugiere un camino menos legal: hacer pasar al pive como un dominicano llamado Pompirio. Añadan un interés amoroso (Dalisa Alegría), un antagonista (Fausto Rojas), dos “expertas” de cambio radical (Johnnie Mercedes y Amaury Pérez), un gerente incrédulo (Irvin Alberti) y otros personajes pintorescos a gusto (Yelitza Lora, Adalgisa Pantaleón, Daniel Díaz-Alejo, Ivan Camilo, Héctor Aníbal, María Cristina Camilo, Luis Polonia, entre otros). Agiten bien, sobrecalienten en el horno, sirvan de inmediato y les aseguro que ni así tendrán la menor idea de cómo es este plato final.

El pelotudo, escrita y dirigida por Raymond Hernández Jr., contiene las debilidades típicas de la película dominicano promedio—guión débil, edición incoherente, música mal utilizada—pero, a diferencia de otras entregas, la presencia de estos fallos se siente adrede, justificada. Quizás es la buena cinematografía de Claudio Chea, la interpretación comprometida y sin vergüenza de Gurfi como Martín, o el sentido general de que todos quienes trabajaron en la producción la pasaron muy bien, lo cual se refleja en el producto final. Sí, tiene un final abrupto. OK, el título no tiene sentido (es el equivalente argentino de titular un filme con algo referente a genitales antropomórficos). Tampoco tiene mucho sentido, cierto (y mientras menos discutamos su vertiente racista, mejor). Dicho eso, me reí viendo la película más que en muchas comedias locales. ¿No se supone que esa sea la idea en una comedia, aunque las risas no siempre ocurran en las partes que los productores esperaban?

Los niños casi nunca maduran como sus padres hubiesen esperado y ello no significa que los “pives” no tengan buenas cualidades. Tomemos además en cuenta que el humor, al igual que el arte, es subjetivo. Por tanto, “me dice el corazón” que los exhorte a reirse con (¿de?) El pelotudo, “pero me grita la conciencia” que les recuerde no esperar algo más profundo que un buen y extraño rato.

En exhibición en los Caribbean Cinemas.

 

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