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Beat / Yo soy el cine /
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Al mentor que nunca conocí

UN DISCURSO DE DESPEDIDA PARA EL CRÍTICO ROGER EBERT
Actualizado 15 de abril, 2013
Emilio Gómez

¿Es posible considerar de mentor a alguien que nunca vi en persona? ¿Si me demostró la importancia de escribir sobre cine con criterio, amor y respeto al arte? Si me abrió las puertas a las películas de otros países fuera de Estados Unidos. Si me aseguró que la industria cinematográfica no comienza ni termina en Hollywood. Lo considero posible por todas esas razones, por tanto declaro con pena que Roger Ebert, mi mentor, falleció.

La vida de Ebert fue definida por la palabra escrita. Fue un lector empedernido durante su juventud en Urbana, Illinois, devorando todo desde libros de ciencia ficción hasta ediciones de la revista de parodias Mad. Se desarrolló como periodista desde la escuela secundaria, donde comenzó como reportero de deportes. Estudió en varios recintos de educación avanzada como la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, la Universidad de Cape Town y la Universidad de Chicago. Había trabajado en tres periódicos antes de graduarse del colegio y pagó su estadía en la Universidad de Chicago mediante artículos escritos como freelance para el Chicago Daily News y luego como reportero en el Chicago Sun-Times, donde permaneció hasta su muerte.

Roger Ebert, con la “sonrisa permanente” de su mandíbula extraída por cáncer. (FOTO: Fuente externa.)

Ebert pudo haber escrito sobre cualquier tema que hubiese deseado, y llegó a hacerlo en sus últimos años mediante su blog, pero dos eventos lo llevaron a escribir sobre cine. El primero fue el descubrimiento del filme La Dolce Vita de Federico Fellini, el cual lo motivó a escribir una de sus primeras reseñas de cine en la escuela. El segundo fue la partida de la columnista de cine Eleanor Keane, razón que motivó a su editor a promoverlo a la posición. Pauline Kael, la crítico más famosa de su época, leyó algunos de sus escritos y se los describió como “la mejor crítica de cine que se está realizando hoy día en periódicos norteamericanos”. La antorcha había sido transferida.

Lo que hizo a Ebert famoso fueron sus pulgares. En 1975 llevócomentarios de cine a la T.V. en un programa llamado Sneak Previews. Tres años más tarde Gene Siskel, el crítico del periódico Chicago Tribune, se unió al programa que más tarde fue bautizado como At the Movies. Ambos vivieron una rivalidad amistosa en la pantalla chica y popularizaron la crítica de cine mediante sus recomendaciones de “Thumbs Up” (pulgares arriba) o “Thumbs Down” (pulgares abajo) si una película valía o no la pena, respectivamente. El conflicto entre ambos era constante, el respeto mútuo. Esta pareja nada fotogénica se convirtió en los Emperadores Romanos de la industria de cine norteamericana, declarando la vida o muerte de los gladiadores de Hollywood con sus manos. Fueron parodiados en varias ocasiones, incluyendo en la película Godzilla de 1998 (como el alcalde de Nueva York y su asistente), y hasta prestaron sus voces a versiones animadas de sí mismos en la serie The Critic. Gene murió de un tumor cerebral en 1999 y Roger continuó el programa hasta 2008.

Gene Siskel y Roger Ebert, inmersos en su pasión. (FOTO: Fuente externa.)

Roger fue un fanático de la tecnología. Era partidario de las computadoras Macintosh. Sus reseñas formaron parte de la enciclopedia fílmica Microsoft Cinemania, el precursor en CD-ROM de la web IMDB.com. Fue uno de los primeros críticos en llevar sus reseñas históricas a su propio sitio web. Cuando el cáncer le quitó la mandíbula y la capacidad de hablar en 2006, Ebert eventualmente encontraría su voz de nuevo mediante su blog personal, donde hablaba sobre todo: su juventud, el medio ambiente, la política, el amor, la muerte y, claro está, la importancia del cine. Describió a los comentaristas de su blog como los más inteligentes de toda la Internet y hasta invitó algunos para que sirviesen como críticos extranjeros en su sitio oficial.

Ebert y yo no tuvimos comunicación directa salvo un comentario hecho por mí sobre Amy Adams en su blog—el cual le gustó—pero sus escritos fueron lo más cercano que jamás tuve a una escuela de cine mundial. El gordo sabio me enseñó, sobre Fassbender, Bergman, Kurosawa, Herzog. Me demostró que un filme de James Bond tiene tanta importancia y tanto mérito como un nominado a Mejor Película. Más que nada, las veces que estuvimos en desacuerdo me enseñaron el valor de mi propia opinión. Siempre le estaré agradecido por ello.

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