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Alfonso Rodríguez y Ángel Muñiz: Dos cineastas divinos

UNA CONVERSACIÓN CON ALFONSO RODRÍGUEZ Y ÁNGEL MUÑIZ, LOS REALIZADORES DOMINICANOS DETRÁS DE 'MI ANGELITO FAVORITO'
Actualizado 12 de septiembre, 2013
POR: Emilio Gómez FOTOS: Rubén Abud

Un ángel cayó del cielo esta semana, todo por obra de dos luminarios del cine dominicano. Mi angelito favorito, la nueva comedia dominicana en estreno, es el producto de la colaboración entre dos viejos amigos, el guionista y director Alfonso Rodríguez y el cineasta Ángel Muñiz, quien sirve en esta ocasión como director de producción. Ambos realizadores conversaron con U durante la producción de la película sobre su colaboración, la Ley de Cine, el público local y cuáles directores jóvenes representan el futuro del cine dominicano.

¿De qué trata Mi angelito favorito?
Alfonso Rodríguez: Trata de un ángel que manda Dios a la República Dominicana a ver si arregla este lío, con cinco grandes poderes mágicos para poder cumplir su misión. El ángel se da cuenta que aquí lo que se necesita no son grandes poderes sino voluntad de trabajo, entonces agrupa a la gente de un barrio para dar un ejemplo a la nación completa de que si ellos pueden, el país también puede.

¿Es una comedia?
A.R.: Siempre hacemos comedias con un gran mensaje. El humor es la herramienta para que la moraleja pueda llegar de una manera fácil y ligera a las masas. A los intelectuales no hay que educarlos. Yo no hago películas para ese público, las hago para el dominicano común y corriente a quien les puedo dar un gran mensaje a través de una comedia, diciéndole: “Fájate a trabajar, que cosecharás frutos.”

¿En qué se diferencia esta producción de las que han hecho?
A.R.: De las once películas que he realizado, ésta forma parte junto a Feo de día, lindo de noche, Yuniol y Un macho de mujer a las producciones donde he podido trabajar sin presión ni complaciendo peticiones. Nadie me influenció en el guión ni en la realización. Estas cuatro películas lo bueno que tengan, que me lo aplaudan a mí y lo malo que tengan, que me lo acusen a mí. Son realmente mías a diferencias del resto de mi filmografía. Además, es la primera vez que filmamos el 90 porciento de una película en un escenario fabricado dentro de un estudio, en este caso el Estudio Cinematográfico Río Haina ubicado en Quitasueño. Es la primera vez que ocurre en el país. Esta es la versión criolla de los Estudios Indómina.
Ángel Muñiz: Yo no puedo ver el proyecto desde el punto de vista de un director, sino como un suplidor. Un director es lo mismo en principio, en idea. Un director de arte, de una campaña, de un comercial, de una película es prácticamente lo mismo en esencia. Es una persona con una visión creativa, indeleble, que comienza a asumir formas en diferentes formatos y de repente la ves, de repente la tocas, cualquiera de tus sentidos la puede apreciar. Se convierte en algo digerible. Como hacer este estudio. Llegar a una antigua fábrica de agua llena de hierba, cubierta en plantas, y ahora verlo así, eso vino de una visión. Hoy podemos ver el resultado de esa visión. Vimos este llano aquí en Quitasueño y Alfonso dijo: “Tengo una película que toma lugar en un barrio”. Le dije que aquí estaba todo lo que necesitaba, que se busque un buen director de arte o diseñador de producción que te fabrique el barrio aquí. Buscó, vio, no hubo acuerdo y por tanto le dije: “No hay problema, Alfonso. Yo te hago eso”. No es que me voy a dedicar al diseño de producción de ahora en adelante. A mí me gusta hacer las cosas cuando son por primera vez. Me gusta el reto y ser el primero. A partir de ahí me llaman para hacerlo otra vez y les digo: “No, ya yo lo hice”.

¿Cómo se siente el nivel de control en el estudio?
A.R.: El control es total, la colaboración con Ángel es inmensa, por primera vez me siento muy tranquilo de que no me tendré que adentrar en un barrio populoso por dos semanas y lidiar con los pro y los contra de esa situación.
A.M.: La ventaja que tiene Alfonso desde el punto de vista de que yo le construya un escenario es que cuando me explica la acción está hablando con alguien como él. Sabe lo que va a hacer y yo sencillamente le acomodo. Mi trabajo aquí es que Alfonso se invente lo que le dé la gana el día que estemos filmando y yo pueda resolverle su problema, porque eso hace un diseñador de producción. Voy a tratarlo como director de la forma que quisiera ser tratado cuando dirijo.

¿Cómo ha resultado la colaboración entre ustedes dos?
A.R.: Ángel y yo somos amigos desde hace muchos años. Somos dos directores muy diferentes, por eso nos llevamos bien. Nos tenemos un gran respeto mutuo. Él admira mucho mi forma de dirigir y yo la suya, pero somos totalmente opuestos. Con Ángel no existe fuerza de ego, no tiene problema alguno con trabajar para mí y a la vez no tengo problema en trabajar para él. Es una dinámica excelente, no pudiera ser mejor. Ángel no se mete en la dirección de mi película. Entiende muy bien que una película se puede hacer de mil maneras y en esta ocasión hemos tomado la decisión que de esas mil versiones se va a hacer la mía. Mientras eso quede claro, no puede haber problema.
A.M.: Como dije, para mí es un reto. Yo lo asumí así y me beneficio tanto como Alfonso de que lo hagamos hecho en Estudio Rió Haina. Primero por el reto y segundo porque cuando Alfonso se vaya, aquí queda una técnica que logró hacerse, por lo que otras personas pueden venir luego y utilizar el estudio como tal. Dos temperamentos como el de Alfonso y el mío coexisten simplemente cuando cada cual hace lo que tiene que hacer y nadie se mente en el trabajo del otro. No le digo a él cómo dirija su película y no me dice a mí cómo armo las casas.

Más de cien personas han trabajado durante más de dos meses en la producción. ¿Cuál ha sido el costo de todo, incluyendo la construcción de los escenarios?
A.R.: El presupuesto de Mi angelito favorito es de 38 millones de pesos. Suena ambicioso, pero si te pones a ver Juan Basanta hizo una película [Biodegradable] con 70 millones y Huchi Lora hizo otra [El teniente Amado] con 66 millones. Por ahí anda un proyecto de 100 ó 150 millones, cosa que considero irreal. Creo que el nuestro es un presupuesto bastante bueno. Antes de la Ley de Cine manejábamos presupuestos de 23 a 25 millones. Ahora después de la Ley y con sólo 13 millones más, podemos elaborar una película con un escenario de esta magnitud, el más grande elaborado por criollos en este país. Mi angelito favorito tiene el look como que cuesta 100 millones, pero no es el caso.

¿Qué opinan de la Ley de Cine dominicana en su estado actual?
A.R.: Es probablemente una de las mejores leyes que existe en Latinoamérica y Europa. Tiene sus fallas. Al ponerla en ejecución hemos descubierto aún más, pero lo mejor es que esta ley tiene dolientes. Mucha gente está cuidándola para que no la abusen, no se festine y logre durar mucho tiempo.
A.M.: En este momento mi objetivo es capitalizar el Estudio Cinematográfico Río Haina realizando proyectos de otros. La Ley de Cine ha sido la herramienta fundamental de capitalización de este estudio. Ahora mismo tenemos tres películas que van una detrás de la otra y entiendo que para el año próximo estaré comenzando a hacer mis proyectos. Mis películas son un poco difíciles con el asunto de la Ley de Cine por ser de discursos arriesgados, irreverentes. Entonces, bueno, si quieren entrar, que entren, si no, que no entren. Puedo realizar mi proyecto con mi estudio, mis equipos, mi gente y lo que me gane realizando cuatro o cinco películas comerciales. Yo lo voy a proponer y trataré de buscar dinero, pero si no aparece no va a ser un obstáculo para que yo siga contando historias. Hasta ahora, no he hecho una sola película con la Ley. Tengo cuatro.

¿Participarán como actores en Mi angelito favorito?
A.R.: Usualmente en las películas que he dirigido y he terminado haciendo un papel, es porque al final de la pre-producción no hemos encontrado a una personal que pueda interpretar el rol y no nos cobre tanto dinero. La mayoría de las veces que ha ocurrido es porque hemos llegado a ese punto y nos decimos: “Por cinco escenas no es verdad que vamos a pagar tanto dinero. Yo lo hago y sale gratis”. [En Mi angelito favorito Alfonso Rodríguez hace el papel de Dios.]

¿Cuáles lecciones han aprendido trabajando bajo otros directores?
A.R.: Con Josh Crook, director de La soga y Ponchao, aprendí que un director no debe de ser productor de su propia película, algo que lamentablemente no puedo evitar. Yo siempre produzco mis películas y cuando mi productora me dice: “no te puedes pasar de tiempo porque cuesta más dinero”, yo transijo. Crook, al no ser productor, no lo hace. Cuando le dicen que no puede repetir una toma por dinero, él responde: “Yo no tengo que ver con eso. Voy a repetirla hasta que me quede bien”. Resulta que soy director, pero también soy hombre de negocios y entiendo lo que implica pasarme del presupuesto. Si del uno al diez, la escena que rodé me quedó en un siete, me digo: “Yo puedo vivir con eso.” Sé que pudiese convertirla en un diez, pero no tengo tiempo ni dinero. Hay un sacrificio.

Ese sacrificio, ¿trae beneficios?
A.R.: Hay beneficios materiales que vienen de ese sacrificio, pero también desventajas que dan muy duro como las críticas de gente que no sabe por qué se hizo así. Existen muchos individuos venenosos e implacables que cuando detectan algo en tu obra te lo estrujan en la cara sin preguntar la razón. Asumen que se hizo así porque uno no sabe hacerlo bien. Eso duele. Tú sabes cómo hacerlo bien, pero no podías ese día. Me hacen observaciones sobre ciertas escenas de mis películas, pero yo me tengo que quedar callado pues no puedo decir: “Lo hice así porque llovió”. Entonces parece una excusa. Lo correcto es callarse la excusa y tomarse ese trago amargo.

¿Qué han aprendido de las audiencias dominicanas?
A.R.: Cuando hice las Grades Series Dominicanas para televisión, en ese preciso momento se instaló en el país la medición electrónica de audiencia. Con esa herramienta podías ver minuto a minuto los resultados de tu hora de producto y darte cuenta dónde la gente vio más la serie, en qué momentos se desencantó, dónde retomó interés, dónde mantuve la audiencia. Realicé ese ejercicio con casi 19 miniseries durante tres años. Por esa experiencia que tuve, me conozco probablemente mejor que nadie lo que al público le gusta. Ese conocimiento lo aplico en todas mis películas. Así como Hollywood tiene fórmulas, yo ya tengo “fórmulas dominicanas”. Siempre y cuando tenga control absoluto de mi proyecto, no me salgo de esas fórmulas. Por eso, ninguna película mía, por más fracaso que yo le llame, ha vendido menos de 250 mil taquillas, que son cuatro Festivales Presidente de Música Latina juntos. Yuniol, mi obra menos exitosa en ventas, logró 260 mil. ¡Eso es una turba de gente! Mis otras entregas han vendido 300, 400 o casi 500 mil. Soy el director que más taquillas ha vendido en el país, entre 3 y 4 millones.

¿Creen en lo sobrenatural? ¿En lo divino?
A.R.: Creo en el poder de la mente. Tu mente puede creer lo que quieras. Algunos le llaman Fe, otros le llaman magia, otros más, milagros. Como tú lo quieras. Soy un hombre muy pragmático, muy apegado a la tierra. Pienso que si te pasó algo, número uno, ese es tu destino. No lo vas a cambiar. Como dicen en el lenguaje popular: “La yerba que tapa un burro no se la come nadie”. No creo en los maleficios, los “mal de ojo” o la brujería. Creo que las personas viven la vida como ellas quieren y los problemas se los buscan ellas mismas.
A.M.: Lo más importante es la decisión de hacer las cosas. Mi papá dice: “Principios quieren las cosas”, y mi mamá me decía: “No me dejes nada por la mitad”. Estoy condenado a terminar lo que quiero y a arriesgarme a asumirlo.

¿Cuáles directores jóvenes admiran?
A.R.: José María Cabral, a quien le di la mano en Jaque mate, su primer gran proyecto. Creo que aprendió bien de mis enseñanzas, en especial que los conocimientos obtenidos en la Universidad de Nueva York tiene que agarrarlos y aplatanarlos. Creo que José María dará mucha agua que beber, al igual que Frank Perozo como productor, si se sigue llevando de lo que le digo. Creo que Bladimir Abud tiene mucho futuro. Por ahí vienen un par de directores jóvenes que parecen muy buenos y eso trae beneficios para todos. Aprendí este negocio en Los Ángeles y allá la competencia buena trae dinero y mueve la industria.
A.M.: Tengo un pupilo, Ronny Castillo, el director de ¿Quién manda?. Por mi relación con él, porque lo vi crecer y formarse, tiendo a inclinarme sobre él. Es como comparar mi hijo con el tuyo. Los dos son buenos, pero al final me tengo que inclinar por el mío. Me gusta mucho José María Cabral, es muy inteligente, muy cariñoso. Bladimir Abud no es santo de mi devoción. Es súper prepotente y arrogante. Me cae súper mal, pero debo admitir que hizo un buen trabajo con La lucha de Ana. Tengo que separar mi creencia personal de su trabajo. Ésta es una industria muy joven para que nos adelantemos en los egos. Todavía no es tiempo del ego. Echemos la industria para adelante y después “toditos cogemos aceite”.

¿Qué consejo les tienen a ellos y a otros que quieran incursionar en el cine dominicano?
A.R: Que no se dejen llevar de buscar actores extranjeros y hacer historias internacionales con acentos neutros. No llegaremos a ningún lado si nos dedicamos a hacer cine neutral que no tenga una identidad. Hagan cine dominicano. Así como Juan Luis Guerra llevó el merengue con güira y tambora al mundo entero, nosotros podemos llevar un cine que huela y suene dominicano al exterior.
A.M.: Que les guste. Que descubran realmente si es una pasión o una moda como cuando todo el mundo estudiaba mercadeo porque no hallaban qué estudiar. Si no lo saben, que lo conozcan. Es una industria difícil de entrar. Que primero se den cuenta de que esto es una pasión y se mueven con pasión, para que no cojan ego, no se pongan de comemierda. Lo que se hace con pasión por lo menos te entretiene el resto de tu vida, independientemente de lo que puedas ganar. Si sólo te da para comer un plato de arroz con huevo, comes de algo que te genera pasión.

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