La vida muchas veces, es tan simple (o compleja) como trazar una línea. Todo en sentido de creatividad se compone de estruturas, construir una idea, una vida, un edificio, una realidad. Todo es la suma de elementos individuales cuyo sentido y significado puede variar por influencia análoga del elemento contiguo. Es precisamente esto el riesgo y a veces emoción de la creación, la construcción o estructuración.
Luego de un intenso inicio de año, de organizar, promocionar y producir el Bazar de Arte de Santiago, he quedado reducido a un manojo de nervios y cansancio, pero la experiencia fue grata y satisfactoria, una vez más. Del conjunto de artistas que participaron en el festival tuve el gran placer de conocer a un novel, una joya escondida que reveló su brillo por primera vez en dicha actividad.
Hablo de Jhan Leonardo Santos, un joven artista de la ilustración que ejerce de maestro de artes en su natal San Francisco de Macorís. Graduado en arquitectura, Jhan nunca asistió a ninguna institución de arte y fue en una visita al Museo de Arte Moderno, en una excursión durante su período universitario que, coincidiendo con la V Bienal de Arte de Santo Domingo, cuando descubrió su fascinación por las artes visuales.
Para Jhan era muy tarde para entrar al ciclo pedagógico de los institutos de arte, así fue como paralelamente con su carrera comenzó a trabajar su propia y autonómica interpretación visual de la vida. Como autodidacta, porque no fue aceptado en ninguna escuela de arte, Santos comenzó en pequeños formatos con gran influencia del cómic tipo Todd McFarlane.

Luego convirtió el dibujo en un ejercicio privado y fue definiendo su trazo y lo estilizó, para llevar su técnica a niveles más complejos y limpios como el presente. El trabajo de Santos ahora presenta una madurez y limpieza propias de años de intensa disciplina. En papel, material menospreciado dentro del gran universo de la plástica bidimensional, Santos crea frames con una fuerte carga de ficción, donde la influencia de grandes maestros como H.R. Giger y Escher hablan de momentos en que el objetivo pareciera alcanzar el clímax de alguna acción. Un poco de Eugène Delacroix está también presente en los trabajos de Jhan, en el sentido poético de sus composiciones, que constan mayormente del objeto retratado sobre la base de la muy peculiar visión del artista, ahogado en una superficie blanca sin intervenir.
Lo interesante de este creador es que no ha sido sino hasta enero del presente año cuando se ha atrevido a mostrar sus producciones, en el Tercer Festival de Arte de Santiago, en el cual también fue seleccionado como ganador del artista más vendido durante los tres días del festival.
El concepto más recurrente en las ilustraciones de Jhan Santos es el constante interés por entender los sentimientos, esos procesos internos muy difíciles de exteriorizar, a diferencia de las emociones. Jhan considera estos procesos intra-psíquicos como misteriosos y dramáticos, idea que se plasma claramente en sus dibujos. Como por ejemplo en la obra “Subconsciente”; una figura femenina en ropa quasi victoriana está suspendida en sus propios pensamientos, mientras lee un libro y al fondo la tinta y las letras revolotean.
El trabajo de Jhan Santos no sólo tomó por sorpresa en este último festival de arte a más de uno, sino que resultó ser un gran éxito comercial. Jhan Leonardo Santos es un nombre para tomar en cuenta a partir de este momento, porque al igual que muchos otros creadores en la historia, ha aparecido súbitamente en la escena dominicana de arte contemporáneo con una frescura inigualable.
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