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Curriculum Vitae

Actualizado 15 de octubre, 2012
María Virgen Gómez, Editora, Santo Domingo
Elaborar nuestra hoja de vida para ser considerados en una posición de trabajo es un ejercicio que solemos hacer con ilusión y empeño. Recuerdo las veces, desde que empecé a trabajar, a los 18 años, en las que debí actualizar mi “Curriculum Vitae” y fantaseaba con que me llamarían para hacerme una oferta “que no podría rechazar”. 
 
Formar parte de un mercado laboral donde sabía que existían oportunidades de desarrollo para mí, mis amigos y mis colegas era un hecho que como novel periodista me regalaba seguridad y alegría.
 
Años más tarde, tan productiva como a mis 18, pero en la posición privilegiada que otorga la experiencia, comparo aquellos tiempos con los que les ha tocado vivir a los jóvenes dominicanos y de otros países en medio de la crisis que atravesamos actualmente. 
 
Tienen el mundo por delante, pero ¿cuál mundo? Uno lleno de incertidumbres donde escasean las oportunidades de progreso y de ocupar posiciones en las áreas donde desean desempeñarse. 
 
A mi correo llega quincenalmente por lo menos una hoja de vida de algún muchacho o muchacha llenos de talentos. Muchos de ellos cuentan con experiencia, han realizado algún programa de grado y hablan más de un idioma, además de que algunos suelen haberse formado extracurricularmente en campos que van desde la fotografía y el estilismo de moda hasta la producción de cine. 
 
Varios CVs me han llegado desde España, de manos de jóvenes que entre sus objetivos incluyen su deseo de “establecerse y desarrollarse en República Dominicana”. Pienso en la esperanza con la que escribieron cada una de las líneas de sus presentaciones personales y reflexiono sobre la deuda enorme que tenemos con esa población mundial de entre 16 y 25 años que es una de las mayores afectadas por la falta de empleos. 
 
Cuando finalice 2012, la suma de personas desocupadas en el planeta podría alcanzar los 204 millones, según la Organización Internacional del Trabajo. De este número sobrecogedor, 75 millones son jóvenes en edad productiva, y de éstos, unos 825,000 son muchachas y muchachos dominicanos residentes en el país. Demasiadas ilusiones truncadas, habilidades desperdiciadas, energías estancadas y corazones desolados. 
 
Los gobiernos del mundo, las empresas y las sociedades enteras tienen que empeñarse a fondo en reducir estas cifras. Es urgente que tanta gente deseosa de echar hacia adelante encuentre su espacio y reciba una respuesta. 
 
Finalmente, son los jóvenes quienes, con su energía imparable y su capacidad para cambiar el rumbo de las cosas, ayudarán al mundo a salir del atolladero en que se encuentra.
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