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Crimen, corrupción y recortes asesinos de cabello

‘Código Paz’: Sin lugar para los ancianos

Un energético logro en el cine dominicano de accíon que sin embargo ofrece poca novedad dentro de su género.
Actualizado 18 de septiembre, 2014
POR: Emilio Gómez IMÁGENES: One Alliance Films

Como diría Danny Glover en Lethal Weapon: “Estoy demasiado viejo para esto”. Tuve ese pensamiento durante gran parte de la proyección de Código Paz, la película dominicana de acción que abre la carrera cinematográfica del joven director Pedro Urrutia. Quiero aclarar que mi sentimiento no es una negativa ni un rechazo. Nada que ver. Esta explosiva ópera prima es mucho más de lo que se podía esperar en una producción local de su género. Actuaciones que van de competentes a buenas, sin interpretaciones flojas. Escenas de pelea y tiroteo bien coordinadas. Música retumbante y bien adaptada a las imágenes en pantalla. (Quizás un poco alta y muy dubstep… ¡Santísimo! ¿Qué me ocurre?) Los fanáticos del género estarán más que felices con el resultado, sin importar mi opinión.

Hasta la trama me resultó ingeniosa, al menos durante la primera mitad del filme. Código Paz comienza con dos relatos paralelos: por un lado está Pedro Ruíz (David Maler), un empleado de inmobiliaria que pasa sus noches junto a su amigo Wellington (Ivan Aybar) robando las propiedades que vende, las cuales penetra con la ayuda de Ana (María Angélica Ureña), su cómplice dentro de la empresa. Por el otro está Fernando del Rosario (José Guillermo ‘Memo’ Cortines), el propietario de la inmobiliaria, quien hizo su fortuna mediante medios ilícitos con la ayuda de corruptos como el ex-senador Alejandro Vega (Isaac ‘Panky’ Saviñón) y el coronel Ortiz de la policía (Félix Germán). El viudo Fernando busca traspasar el negocio a su hija Paz (Paula Sánchez Ferry) y disfrutar de la buena vida junto a Laura (Nashla Bogaert), la guardaespaldas personal de su niña querida.

Ambas historias se entrelazan durante el robo de una mansión, donde Pedro y Wellington son sorprendidos por la llegada de Fernando y su escolta personal de matones encabezada por el implacable Máximo (Héctor Aníbal). Allí son sorprendidos por una figura misteriosa, mitad Snake Eyes de G.I. Joe: Retaliation y mitad Sam Fisher de los videojuegos inspirados en Tom Clancy. La figura le dispara a Fernando mientras Pedro lo presencia, antes de que Máximo lo halla en su escondite. Ruíz logra escapar y Paz, sedienta de venganza, lo culpa por el asesinato. Esto desencadena varias persecuciones y encuentros llenos de disparos, los cuales culminan en un asalto a una casa de playa.

Máximo (Héctor Aníbal) convierte a sus enemigos en queso suizo en Código Paz. (FOTO: One Alliance Films.)

Decir más sería arruinar muchas sorpresas al público, pero en serio ¿quién quiere más? Intriga. Violencia. Cortes espectaculares de cabello (el estilista tuvo sin duda uno de los trabajos más divertidos de la producción). Nashla Bogaert en bikini y pateando trasero. Panky y Memo en un duelo de vello facial digno de Freud versus Jung. Los próximos nominados masculinos al “Cuerpo Más Hot”, todos armados y en ocasión sin camisa. Si todo esto les suena bien, ignoren el resto del texto y vayan ahora a comprar su taquilla, que les irá súper, se los aseguro.

¿Ya se fueron? Bien, ahora me dirijo a ustedes, los indecisos, a quienes agradezco la atención e insisto no busco convencer, sólo desahogarme como el abuelito en que obviamente me he convertido.

Me considero más que columnista de cine, un simple fanático. Los clásicos y las obras de arte las busco por convicción y criterio, pero los estrenos por diversión. Soy un chico de los ochenta, criado por Spielberg, Lucas, Donner, McTiernan, Zemeckis, Raimi, Verhoven, Burton, Carpenter, Besson, Harlin y directores influidos por ellos. Las únicas categorías de Óscar que me importaban eran Mejor Sonido, Mejor Maquillaje y Mejores Efectos Visuales. Acción, ciencia ficción, fantasía; esos son mis géneros y nunca me imaginé que llegaría un punto donde pudiese apreciar una buena película de acción sólo como un ejercicio técnico. Viví ese momento de forma abrupta gracias a Código Paz.

El ex-senador Vega (Isaac Saviñón) te psicoanaliza desde su carro de lujo en Código Paz. (FOTO: One Alliance Films.)

No me parece que la historia sea el problema de ello. El guión de Urrutia junto a Luis Arambilet está bien estructurado y lleno de diálogos muy divertidos en ocasiones. De hecho, en una escena donde el maleante llamado Flaco (Canek Denis) es amenazado con una pistola, éste expresa la línea de diálogo que más risa me ha dado en una película dominicana hasta el momento. Le encuentro sólo dos defectos al libreto, siendo el primero la ausencia de “buenos” o al menos de “anti-héroes”. Directores como Quentin Tarantino y Robert Rodríguez (dos influencias claras en el estilo de Urrutia) han basado casi toda su filmografía en personajes de moralidad ambigua, pero al menos ellos les inyectan personalidad o características redimibles a estos “despreciables”, mientras que los habitantes del universo de Código Paz (salvo Wellington, el Flaco, Ortiz y hasta cierto punto Fernando) son todo miradas estreñidas y respiración de toro. El personaje de Bogaert, por ejemplo, aquí se perfila como un glorioso amalgama entre Angelina Jolie en Lara Croft: Tomb Raider, Gina Carano en Haywire, Halle Berry en Die Another Day y Michelle Rodríguez en ¡TODO!, pero sus motivaciones nunca son definidas con claridad. ¿Quien manda? la reveló como una excelente actriz y comediante, pero aquí ella está ‘looking good!’” (“¿de qué rayos me quejo?”, dirán ustedes). Prefiero reservarme el segundo defecto para no arruinarles el desenlace.

Todos los elogios que dije al principio son sinceros, insisto. Mi problema radica, creo, en que poco de lo que me fue presentado en pantalla se sintió nuevo. El flash forward en pausa que inicia la cinta; el parkour por los tejados; los balazos al estilo de The Matrix; la femme fatale con tarjeta de descuento en tiendas de leather; hasta los recursos gráficos superpuestos como el reloj en movimiento y los chats móviles. Todas esas imágenes han sido extraídas de muchas otras películas y aunque son bien utilizadas, su “aplatanamiento” o más bien “entigueramiento” (mil excusas, Real Academia Española) no es suficiente para hacerlas sentir frescas u originales para mí.

Laura (Nashla Bogaert) te matará con estilo en Código Paz. (FOTO: One Alliance Films.)

No dudo que Urrutia llegue lejos en nuestra industria y hasta en el extranjero. Tiene el nivel necesario de narcisismo para alcanzar el éxito—después de todo, su logo personal es un lingote de oro y su crédito de dirección es casi tan grande como el cartel del título. Que lograse este largometraje ambicioso y profesional en su primera vez al bate, dentro de un género con pocos antecedentes en la industria local, es digno de muchas felicitaciones. Sobre todo, al igual que José María Cabral, Urrutia se perfila como un director lleno de energía e imaginación que aún no ha encontrado su propia voz, pero será insuperable cuando la defina. Como lo he hecho en ocasiones anteriores, acepto que no soy el blanco de público de este proyecto y a pesar de ello resultó para mí una experiencia placentera de cine. Que no haya conectado con ella es mi problema y sólo mío. Me mudaré tranquilamente al asilo de ancianos y clasificaré a Código Paz como lo que representa: un impresionante demo reel y el comienzo de una filmografía divertida. Le cedo la última palabra a Cortines, quien resumió la cinta a la perfección durante su estreno: “¿Les gustan los tiros? ¡No hay más que hablar!”

En exhibición en los Caribbean Cinemas.

 

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