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Outsider ParísOutsider París

29 años
Ilustrador
En París desde 2005
Actualizado 14 febrero 2012
París

La ciudad del amor


Escuchen: París siempre se las va a ingeniar para recordarte que si eres soltero eres menos bienvenido que los demás mortales. Para que entiendan, ser soltero en esta ciudad es como no tener juguetes el 25 de diciembre porque tus padres están apegados a la tradición de los Reyes y tener amiguitos cuyos padres son más de Santa. Yo, que he llenado desde hace un par de meses mis 35 metros cuadrados con el vacío de mi soledad, puedo hacer una tesis de ello.  Las ofertas “para dos” en el cine a las que ya no tengo acceso, los paseos por los quai del Sena (que en soledad, es como ir a la batalla sin fusil) o la incredulidad de la camarera que, fulminándote, te pregunta para cuántos es la mesa: una degradación sistemática de un ego que, a fuerza de la reincidencia, amenaza con ceder hasta tirarme al fondo.
 
No me malinterpreten: no es que tenga necesidad de una pareja. Las últimas dos historias que tuve me dejaron como enseñanza que el “mejor sólo que mal acompañado”, más que de una frase de Yolandita Monge, tiene potencial de grito de guerra. Pero esta ofenda moral que me profiere esta ciudad, no se podía quedar así.
 
Entonces: aprovechando el mes del amor (que la Ciudad del Amor apenas lo celebra), decidí hacerle la guerra a París, de tú a tú. Salir por ahí, solo, gozar y no preocuparme de esta discriminación romántica. Y lo primero, claro, mi paseo de reglamento por el río, a mis anchas, sin necesidad de agarrar la mano de nadie, besuquear narices frías o que japoneses aficionados al romance saquen una foto de una parejita multicultural en el marco del brilloso galope del Sena. Misión cumplida. Gané una batalla de esta guerra. En el cine escojo “Shame”, adrede. Este solitario neoyorquino (que sí, tiene sus rollos gigantescos, pero…) me demuestra que las grandes ciudades no son necesariamente hostiles para los tipos como yo. Y, de paso, siento compasión por todos esos pobres infelices que cuyas cabezas de dos-en-dos le muestra la luz de la gran pantalla a mi mirada de última fila. Me rio con sarcasmo y saboreo mi nueva victoria.  El restaurante: muchos vinieron a “cenar”, yo a “nutrirme”. Pido una comida sencilla, la menos romántica. Parejas en todas partes: este odioso conjunto del que me burlo firmemente. La camarera me trae mi plato y me mira divertida. Me sonríe. Sus ojos verdes como mentas invaden los nervios de mis mejillas y provocan un chorro sanguíneo que recorre mi cuerpo. Identifico el sentimiento, trato de bloquearlo: no lo logro. Llega mi vino y con ello el par de ojos de una linda sonrisa que alaba mi acento, que sacude su pelo y que agita sin querer su busto pecoso. Me rindo, estoy enamorado.
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Outsider París
29 años
Ilustrador
En París desde 2005
Outsider París

Feliz Navidad


Sin que yo sea un "chauviniste" de esos que piensan que "República Dominicana fue dónde Dios se secó el sudor" (que de entrada es una frase que no tiene sentido y que, por fortuna, el año 2000 se la tragó por completo), soy un abanderado de la idea de que uno en Navidad está mejor en su país (a menos que sea judío o musulmán, que ya eso es otra), y que, insisto, uno nunca encaja bien en la forma en que los nativos del nuevo país, en mi caso Francia.

Tres alter ego, una ciudad


Estoy en celebrando mi nuevo corte de pelo en el restaurante indio de la rue Mercadet.
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