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¿Aún es relevante el Festival de Cannes?

EN ESTA ÉPOCA DE PROMOCIÓN POR INTERNET, ¿EXISTE AÚN LA NECESIDAD DE REUNIRSE CADA MAYO A ORILLAS DE LA RIVIERA FRANCESA?
Actualizado 10 de mayo, 2011
POR: Emilio Gómez FOTOS: Fuente externa

Todos los años en mayo desde el año 1946, la sede del cine mundial se mueve de California a la Riviera francesa. Hollywood, Bollywood, Asia, Australia, Europa y Latinoamérica estrenan lo mejor y más comercial de sus largometrajes en el Festival de Cine de Cannes, que celebra su edición número sesenta y cuatro. Luminarias como Lars Von Trier, Woody Allen, Jodie Foster, Pedro Almodóvar, Gus Van Sant y Cristian Jiménez estrenarán sus nuevas obras de arte este año en el Palais des Festivals et des Congrès y Robert De Niro recibe el honor de encabezar el jurado. Sin embargo, en esta nueva era de producción digital y de economías reformuladas, ¿aún importa este Festival?

 
Roger Ebert, uno de los críticos más respetados y prolíferos de los Estados Unidos, ha asistido a Cannes por treinta y cinco años, aún luego de concluir una lucha contra el cáncer de mandíbula que lo dejó sin la habilidad de hablar. Ebert adora todo tipo de cine y adora Cannes. A pesar de ello, éste duda que el Festival continúe otros treinta y cinco años más. “Si aún existiera, tuviera poco que ver con los tipos de filmes y de públicos que apreciamos. Más y más, siento que digo adiós a todo ello”.
 
Dichos comentarios pudieran interpretarse como las quejas de un anciano dejado atrás por los tiempos, sumergido hasta los hombros en las aguas cálidas de la nostalgia. Hasta sería correcto, de cierta forma, pero es excusable si uno considera la gloria de la época a la cual el crítico se refiere. En dicha era, la Nouvelle vague de Truffaunt, Godard y sus contemporáneos inspiró a una nueva generación entera de cineastas a romper las reglas establecidas en el medio en los años 60 y a apreciar la estética hasta en las películas de menor calidad. Gracias a Fellini y sus compatriotas en Cinecittà, Italia era la potencia mundial del art film, a pesar de (o probablemente con la ayuda de) la reinvención vaquera de Sergio Leone. Bellezas imposibles como Brigitte Bardot, Sofía Loren y Catherine Deneuve mostraron a una generación completa el significado del deseo. Ingmar Bergman rompió las barreras con su Det sjunde inseglet (El séptimo sello) y de ahí sólo pudo mejorar con el tiempo. Después de muchos años dominados por Hollywood, el cine mundial encontró sus voces y se dio a conocer. Y el Festival de Cannes se sentía como el centro de todo.
 
Pero eso quedó en el pasado, cuando la cobertura de la farándula en los medios era escasa y la única competencia de Cannes eran otros festivales de igual importancia pero con diferentes sensibilidades que les permitían a todos vivir en paz. La realización de películas se había democratizado un poco, pero aún mantenía el aire de misterio y asombro establecido por el sistema de estudios de la época de oro del cine estadounidense. La entrada en ese mundo requería trabajar duro, tener mucha ambición y hacer un escándalo. Quien lo hiciera en un festival prestigioso se daba a conocer en su país. Quien lo hiciera en Cannes se daba a conocer en el mundo.
 
Ahora los avances de tecnología permiten a cualquier joven talentoso que realice una obra maestra en su hogar y que la promueva al mundo entero mediante la Internet sin el más mínimo esfuerzo. La misma web también ha reemplazado a los festivales en general como los únicos sitios para apreciar a nuestras estrellas favoritas y conocerlas a fondo. 
 
Entonces, ¿aún importa el Festival de Cannes? Pues claro que sí. Más que nunca. De hecho, ni siquiera cuando Cannes se tornó sensacionalista, con sus paparazzi obsesionados con “carita lindas” y “símbolos sexuales” o el bullicio de sus audiencias, perdió su encanto, su romanticismo o su esencia. Sigue siendo el lugar donde directores como Quentin Tarantino y Steven Soderbergh se dieron a conocer e “hicieron su escándalo”. Aún es el lugar donde jóvenes aspirantes a directores esperan afuera de las salas de proyección a que un gran realizador se apiade de ellos y les otorgue un pase gratis, favor que ellos saben que deben devolver a otro cuando alcancen la fama. Mientras se haga cine, siempre habrá un Cannes, un lugar donde el arte y el espectáculo se sienten juntos en la oscuridad y se sorprendan de forma mutua. 
 
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