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"Renacer" en ValenciaEN EL SURESTE ESPAÑOL Y A ORILLAS DEL MEDITERRÁNEO, VALENCIA ES UNO DE LOS DESTINOS MÁS ATRACTIVOS Y COMPLETOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. SUS CÉLEBRES FALLAS, EN MARZO, LA HACEN AUN MÁS ESPECIAL Y FASCINANTE ![]()
España es un país que sabe delicioso. Si existe algo que lo distingue es su gastronomía: suculenta, abundante y diversa. Y si de sus platos hay que destacar alguno, por su fama, su sabor inigualable y su textura jugosa, esa es la paella. Y qué mejor que dirigirse a la cuna de este manjar, la ciudad de Valencia, cuyo símbolo gastronómico es uno de los tantos tesoros que vas descubriendo cuando te adentras en sus calles, en sus lugares, en su corazón.
Dicen que Valencia es donde se come la mejor paella del mundo a la orilla del mar. Cocinarla es todo un ritual que suele reunir a los valencianos alrededor del caldero para comer de la propia paellera donde se ha cocinado, como símbolo de hermandad. Y esta costumbre es, precisamente, una muestra elocuente de lo que es este lugar que se abre al visitante para darle lo mejor de él: su cultura, su clima, sus playas y sus tradiciones, pero sobre todo, su gente amable y hospitalaria. También dicen que los pueblos de mar están llenos de gente abierta de carácter y de mente, y que el valenciano es un buen ejemplo de ello.
Clima bendito
Valencia regala a todo el que la visita una atmósfera cálida muy parecida a la del Caribe. Mientras que en otras comunidades de España se registran temperaturas bajo cero, aquí se disfruta de un agradable ambiente subtropical durante todo el año, que la convierte en una de las urbes preferidas por los turistas cuando ponen un pie en España.
Esta ciudad se halla protegida por un golfo que la resguarda de todas las inclemencias del clima, por lo que suele brillar el sol la mayor parte de los días del año. Sus inviernos son templados, con unos diez grados más de temperatura que el resto de España en esa estación, sin embargo, en verano, la brisa del mar produce un efecto de aire acondicionado, que refresca a los habitantes y a quienes visitan la ciudad. Los veranos son calurosos, pero no al extremo.
Aquí la gente suele empezar a ir a la playa a tomar el sol y a bañarse a partir de mayo, y no acaba la temporada hasta bien entrado octubre. Los valencianos están muy acostumbrados a ver a turistas del norte de Europa en sus playas en cualquier época del año, incluso en diciembre, porque lo que para los valencianos es invierno, es un clima agradable para turistas rusos, alemanes, y de toda Europa en general.
Historia y cultura
Luego de disfrutar de sus playas y de sus sabores, vale adentrarse en el diseño y la arquitectura de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias valenciana, un conjunto único dedicado a la divulgación científica y cultural, en donde brilla el Hemisféric, la sala más grande de España que alberga tres sistemas de proyección en una pantalla. También está el Oceanográfic, el mayor acuario de Europa, lugar que hace sentir como si se estuviera en lo más profundo del mar. Además, no puede faltar el mirador El Umbracle, en cuyo “paseo del arte” se hacen exposiciones de libre acceso.
La Ciudad de las Artes y de las Ciencias tiene siempre una agenda cargada de actividades, por lo que se mantiene recibiendo turistas los 365 días del año.
Valencia tiene también una riqueza histórica impresionante que data de la época romana, y de la que se pueden ver vestigios hoy en día. Sobre todo en la Valencia Medieval, dominada por la época musulmana, sobrevive el patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad. Las puertas de entrada, como las Torres de Serranos o de Quart, las calles y conventos, la catedral y la basílica, restos de murallas, restos de enterramientos árabes y romanos, son atractivos de una ciudad para recorrer de a pie y con lupa. Poca gente sabe que aquí vivió José Martí, padre de la Independencia Cubana, y su casa aún se puede ver en una pequeña plaza a la que se accede por un pasaje desde la Plaza de Zaragoza. El padre del prócer cubano era un alférez español que vivió con su familia en esta ciudad antes de ser destinado a Cuba.
Las Fallas: pura renovación
Ahora bien, si existe un acontecimiento que hace brillar a Valencia en el calendario anual de todo el mapamundi éste es el de sus famosas Fallas.
Del 15 al 19 de marzo, los valencianos celebran el momento más importante del año. Una semana de festejos a cuya preparación la ciudad se entrega durante los 365 días anteriores.
Valencia se las arregla para recibir anualmente para sus Fallas a más de un millón de turistas que caminan por sus calles maravillados al observar los impresionantes monumentos de cartón piedra que el día 19 serán quemados.
Esto simboliza la quema de todo lo anterior, de lo viejo, para renacer y recibir lo nuevo, la primavera de cada nuevo año. Las calles de Valencia se cierran y más de 360 monumentos gigantes aparecen en ellas durante una semana. Las esculturas de cartón piedra son sorprendentes, tanto por su belleza como por sus dimensiones. Cada barrio de la ciudad tiene sus Fallas, pues hay una infantil y una de adultos.
Por las mañanas, los pasacalles, con las falleras y falleros que desfilan, las ofrendas de flores en la Basílica; por la noche, los castillos de fuegos artificiales, las verbenas (una en cada barrio): la fiesta de cada Casal Fallero.
La fiesta de las fallas aparte de mover muchos miles de euros y de ser un motor económico para la ciudad, para los falleros es mucho más. Consiste en un sentimiento de amor y arraigo hacia sus tradiciones, raíces y costumbres, que retransmiten a sus hijos para que conserven esta fiesta que es su emblema.
Los falleros viven todo el año pendientes de ese evento, ya que la falla (como componente humano) es un asociación sin ánimo de lucro que realiza actividades culturales como exposiciones, edición de libros en idioma valenciano (llibrets), espectáculos músico-teatrales llamados Apropósit en la Presentación de la Fallera Mayor, entre otros.
Para los valencianos, la falla no puede desaparecer porque es una forma de pensar y de ver la vida desde la valencianía y el amor por la fiesta que creen única en el mundo y exhiben con orgullo de ser sus creadores, año tras año. Cuidan su futuro con normas y dejan un legado para que perdure. Al no depender económicamente de nadie, la fiesta la pagan los mismos falleros, y subsiste según el nivel económico de cada grupo. En conjunto es una inversión descomunal, ya que se trata de más de 360 fallas sólo en la ciudad de Valencia, perfectamente coordinadas y hermanadas con un solo fin: divertirse y ser felices durante esos días.
Esta fiesta, además, se convierte en una celebración completa, que abarca desde la gastronomía a lo literario. La Ofrenda de Flores para los valencianos es mucho más que eso. Es el encontrarse con la Virgen de los Desamparados para rendirle tributo. Visten sus mejores galas y dan las gracias ofrendándole flores, por acogerlos en una tierra a la cual aman.
La Cremà es el momento cumbre de las Fallas, en el que afloran los sentimientos y lloran al ver cómo desaparece entre cenizas el trabajo de un año. Pero aquí no se llora por el esfuerzo “esfumado” tras las llamas. Se llora por la alegría de que por un año más se ha logrado montar una fiesta impresionante, barroca como pocas, pero eso sí, con el sello particular de cada falla que en conjunto representa el espíritu de Valencia.
Corazón musical
Otro de los sellos de identidad de Valencia es que es considerada la Ciudad de la Música y de los Músicos. Los mejores cantantes de todos los tiempos han surgido en esta tierra. También, grandes compositores y letristas. Entre ellos, de la época del cuplé, a principios del Siglo XX, surgió doña Concha Piquer, y en los años setenta el célebre cantante Nino Bravo.
También en el mundo de la ópera brilló la soprano Lucrecia Bori, de grandísimo renombre internacional. Pero en Valencia en cada casa hay al menos un músico, y en cada pueblo de su región existe al menos una banda de música.
Por su localización privilegiada, por su clima y su riqueza histórica, por su modernidad europeizante, sus costumbres y folklore, y por el carácter de sus habitantes Valencia es, en definitiva, un lugar irrepetible. Una ciudad que para conocer bien hay que vivirla.
Recuerde que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
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