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Un buen año para la producción local

¿POR QUÉ 2013 POSIBLEMENTE HA SIDO EL MEJOR AÑO PARA EL CINE DOMINICANO?
Actualizado 4 de noviembre, 2013
Emilio Gómez

No me puedo quejar, admito. Existen razones para sentirse molesto, claro. El cine dominicano aún tiene mucho por alcanzar, y algunos de los problemas básicos permanecen latentes (*tos* ¡GUIÓN! *tos*) pero en general el 2013 fue un buen año para la producción local. Les daré tres razones para justificarlo.

1) Cantidad: En 2012 el país tuvo seis estrenos locales en sus salas de cine: El rey de Najayo; Jaque mate, La lucha de Ana; Feo de día, lindo de noche; El hoyo del Diablo y Lotoman 2.0. Una suma nada mal, pero todavía dentro del promedio aproximado que ha mantenido desde 2006. Sin embargo, gracias en gran parte a la existencia de la Ley de cine, este año presenciará al menos doce estrenos antes de que acabe. Profe por accidente; A ritmo de Fe; Los súper; Arrobá; El teniente Amado; Mi angelito favorito; ¿Quién manda?; Ponchao; La montaña; El Gallo; Sanky Panky 2; Biodegradable y Cristo Rey son todas de 2013. ¡Doce! Eso equivale a un filme dominicano por mes, lo que no fue el caso por…

A ritmo de Fe, parte de las producciones locales realizadas en 2013. (FOTO: Circus Films.)

2) Competencia: Sí, cada película pudo haberse dado el lujo de estrenarse y reinar en su propio mes de año, pero el calendario de lanzamientos se concentró en verano y otoño—los meses de mayor recaudación—por lo que muchas de las cintas compitieron entre sí por la atención y los bolsillos de las audiencias locales. Eso puede sonar a saturación, pero la mayoría de las ya estrenadas ha contado hasta la fecha con buena venta de taquillas. La economía nos enseña que muchos competidores en un mercado libre benefician al consumidor ya que evitan un monopolio y obligan a los proveedores de productos o servicios a crear mercancía más barata o de mayor calidad. Nuestros cines fijan el precio de la taquilla, por tanto los cineastas se ven obligados a utilizar:

3) Mayor creatividad: La única forma en que un producto se destaque dentro de un sector de mercado con precio fijo es que resalte. Para la década de los 90 y principios del siglo XXI los pocos directores dominicanos establecidos podían darse el lujo de cometer todos los errores que quisiesen (y en muchas ocasiones parecía que lo hacían adrede) porque sabían que el público nacional de todas maneras iría al cine a ver sus largometrajes por novedad, fiebre o curiosidad. Ya ni los jóvenes ni los veteranos pueden darse ese lujo pues las audiencias se han vuelto selectivas. Su único recurso para sobrevivir es “pensar en grande”. No quiero decir que deben hacer películas de grande presupuesto, sino filmes bien pensados con historia original, trama bien estructurada y conclusión tanto sorpresiva como satisfactoria. Eso no debe resultales un problema porque ellos vienen muy preparados. Ocho de los estrenos de 2013 son de realizadores reconocidos y cuatro son los primeros largometrajes de sus respectivos directores, pero lo que carecen esos “novatos” de experiencia en el cine local más que lo compensan con sus vivencias en el mundo de los comerciales y videos musicales, así como su visión. Este año tuvimos primicias dominicanas dentro de los géneros de ciencia ficción (Arrobá y Biodegradable), comedia romántica (¿Quién manda?), filme de baile (A ritmo de Fe) y de superheroes (Los súper), así como nuevas entradas en las categorías de fantasía (Mi angelito favorito), deportes (Ponchao) y, ¿por qué no?, secuelas (Sanky Panky 2). Recibimos hasta un híbrido de géneros, el documental con segmentos de ficción (La montaña). Quizás algunas de las historias “cojearon” en ocasiones—nuestro talón de Aquiles, todavía—pero sin duda resultaron más coherentes y entretenidas que en temporadas anteriores.

El teniente Amado, parte de las producciones locales realizadas en 2013. (FOTO: Amado Productions.)

La única forma de hacer del cine viable es seguir invirtiendo y los inversionistas se verán obligados en apostar por las mejores o más llamativas ideas para garantizar su retorno. Todo eso se resume en que mientras más películas dominicanas se realicen, mayores son las probabilidades de que salga una buena o excelente, y no sólo para nuestros gustos, sino para los mercados internacionales. Según parece, 2014 será aún mejor para el cine dominicano.

En 1996 Yaqui Núñez del Risco, en su rol como maestro de ceremonias para el estreno de Cuatro hombres y un ataúd en el Teatro Nacional, declaró oficial la apertura de la industria de cine dominicana. Diecisiete años más tarde, creo que su enunciado finalmente se ha cumplido con satisfacción. Tarde, pero seguro.

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